Recomendación a los Partidos Políticos por Ludovico Silva

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Hace unas semanas publique un post sobre la definición de cultura de Ludovico Silva, en donde explica que la conciencia cultural “por un lado examina críticamente los intereses que mueven la cultura y se comprende a sí misma como vinculada al todo material de la sociedad, y por el otro, elabora tácticas y estrategias para transformar la conciencia ideológica de las gentes en una conciencia cultural”.

En este sentido, el texto que les traigo a colación a continuación, el venezolano expone qué debe hacer y cómo debe regirse un partido político verdaderamente revolucionario a través de una conciencia cultural y no ideológica:


 

Para que una práctica sea auténticamente y efectivamente revolucionaria, debe, de acuerdo a los conceptos anteriores (explicado en el articulo anterior), llenar dos requisitos generales:

  1. Debe constituirse en la opositora consciente, antagónica e implacable de todas las formas de “conciencia ideológica” y de las correspondientes prácticas culturales tendientes a afianzar en la conciencia colectiva el status de explotación y desigualdad.
  2. Debe utilizar la mayor cantidad posible de “medios” para transmitir la mayor cantidad posible de “mensajes”; en la medida en que ello sea factible, utilizará los medios que también utiliza los defensores del status, y en la medida que estos no sean factibles, crearan nuevos medios o paralelos.

Herbert Marcuse -sociologo aleman- escribió que el hecho elemental con que debe contar cualquier movimiento revolucionario dentro de la sociedad capitalista:

Ees tener conciencia nítida de que será un movimiento contrario a la conciencia de la mayoría de las personas; porque, en efecto, la conciencia de la mayoría es ideológica, ilusoria y reside en sus mentes como una especie de segunda naturaleza impuesta y fijada allí por un inmenso y constante torrentes de mensajes condicionadores.

En vano se le irá la vida a un partido revolucionario atacando a los partidos políticos del status quo, tales ataques en la medida que se dirigen en contra una ideología que se presenta abierta y militante, tiene el siempre el mismo efecto que hablarle a los sordos y se resuelve todo en un “si” contra un “no”.

dec58219361b50ac78817ec6b75436cfPero en cambio, cuando se intenta atacar, no ya a un partido político sino a ciertos presupuestos sociales que diariamente se difunden y afirman por los canales de comunicación, a saber, cosas tales como la propiedad privada, la empresa privada, el manejo groseramente mercantil de nuestros medios de comunicación; es decir, cuando ha atacado, no a la producción capitalista en general, sino a las formas específicas que esta producción asume a nuestro medio; maneja a los seres humanos como mercancía y a las mercancías como seres humanos, a los sujetos como objetos y viceversa, sólo entonces ha demostrado tener eficacia real la práctica cultural revolucionaria.

 


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Cuando se ataca a un partido político, se defenderá solo o a través de uno de sus afiliados; pero cuando se ataca a la empresa privada, sale a defenderse toda la empresa y a través de todos los medios de comunicación. Es la diferencia de una práctica cultural que se limita a combatir las meras apariencias y una práctica cultural que combate los fundamentos mismos de la sociedad.

Como principio general nos queda, pues, lo siguiente:

cualquier mercancía capitalista, mientras más difusión y poder social ha adquirido, tanto mejor signo constituye para enviar un mensaje revolucionario.

Un libro, por ejemplo, es algo que no es original ni propio del revolucionario pero tampoco pertenece al enemigo. Hecha esta aclaración, consideremos que publicar libros donde haya un análisis y un contenido tendientes a la destrucción de la conciencia ideológica capitalista en que nos movemos, constituye un acto de práctica cultural de gran importancia, que debe ser estimulado. De igual forma, el teatro, la pintura, etc.

Por último, una advertencia. Podría pensarse, dados estos esquemas de acción, que confundimos la práctica propiamente cultural con la práctica de propaganda de partido en general. Pero no es así. La práctica cultual tiene el sentido de mover ideas, destruir ciertos valores, desnudar la falsa conciencia de las gentes, desenmascarar ante sus ojos el significado oculto de los mensajes capitalistas, etc., en tanto que la propaganda de partido tiende a imponer una nueva idea, un nuevo valor, una nueva imagen, un nuevo significado, etc. La práctica cultural, mientras nos movamos en el terreno capitalista, ha de ser disolvente, corrosiva, crítica, destructora

 

 


Ludovico Silva (2010). "Sobre la Práctica Cultural: Recomendaciones a un partido político". En: Ensayo sobre la cultura. Quibor: Imprenta Bolivariana. (pp.11-15)

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. angelica dice:

    interesante reflexionar cuando uno escucha los debates de nuestros “dirigentes politicos” bajo que intereses se rigen, si solo atacar a un partido politico para hacer el juego por un rato o si en verdad quieren cambiar la dinamica de una sociedad

    Le gusta a 1 persona

    1. ese e el tipo de reflexiones que hay que plantearse. Es mas, yo plantearia la cosa mas profunda, mas estructural las dinamicas de la Politica construida por el Estado se enfocan en mantener esa juego entre partidos para el engaño y entretenimiento de las masas. La subalterna

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