Cuento Ye’kuana: Mara’huaka

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Indigenas Ye’kuana. Extraida del blog Antropologia y ecología UPEL. Fotografia de: Félix Piñerúa Monasterio
Los ye’kuana son un pueblo indígena de habla y cultura caribe, que ocupa algunos afluentes del Orinoco en los Estados Amazonas y Bolívar, de Venezuela, más un pequeño grupo del lado brasileño de la frontera. Compuestos por alrededor de resultaron ser 6.523 individuos [1].


 

Luego salieron. Cuando salieron, llovía, llovía. Ellos no sabían qué era. Fue la primera lluvia. Mucha agua caía del Cielo en cascadas, en raudales; Chorreaba del Cielo por las ramas cortadas del Mará-huaka.

–Lluvia –dijo Semenia–, ahora sembraremos.

El agua buscaba sus caminos por la tierra. Ahora nacieron caminos nuevos, los ríos. Nació Orinoco, Padamo, Cunu-cunuma, Antawari, otro, otro, otro, todos los ríos. Los llamaron el Agua Nueva; corrían como culebras sobre toda la Tierra.

La tierra se puso blandita, para sembrar. Ahora las mujeres recogían estacas, pimpollos, retoños, semillas. Bajo la lluvia recogían, para sembrar.

Cayeron ahora cuatro cascadas, en las alturas de Mara’huaka, por sus farallones. Motásha, Iamo, Namánama y Keka nacieron y se abrieron, en la tierra verde, lindos caminos.

En Kushamakari, tres cascadas buscaron caminos, llamados Auakósho, Iukáti y Metehúshi. Corrían, arrastraban piedras, rebotaba su espuma. No se reconocía la Tierra del principio.

Ahora hubo retoños, por todas partes la Tierra se puso verde. Retoño la selva, retoñaron nuestros conucos; la selva llena de árboles, nuestros conucos llenos de yuca.

El tronco de Mara’huaka se partió en tres pedazos. Los llamamos Mara’huaka huba, Mara’huaka huih, Atawashibo. Se cambiaron en piedra, cuando cayeron. Ahora son montañas, tres pedazos de montaña, la más alta de la tierra. Allí están, como recuerdos. Fue aquel día cuando llego nuestra comida.

Kadi’lo (la ardilla) también cayó en un pico del Duida; ahora vive escondido, es el dueño de aquel pico que llaman Kai’io ewiti.

Alegre, alegre estaba la gente, reunida toda en el conuco. La yuca crecía rápido; en seguida estuvo. Ahora los hombres descansaron. Así les dijo Semenia. Ahora trabajaron las mujeres. Así hacemos todavía. No olvidamos. Fue la señal: los hombres ahora tumban conuco como, al principio, Mara’hueka; las mujeres siembran, cosechan, preparan.

Ahora venían cargando catumares llenos de yuca. Ahora los hombres trabajan otra vez; tejían cestas, manares, guapas, sebucanes; labraban rallos budares, Kanawa. Esos son sus trabajos. Las mujeres cosechan, traen, rallan, presan, tuestan, hacen tortas. En las Kanawa preparan iukuta, la bebida.

-Está bien –dijo Semenia. Luego dijo: -Vamos a bailar, vamos a cantar, comer, beber, recordar.

Fue la primera Fiesta de la Comida. Conuco Nuevo, así llaman. Awdaha aremi hídi, este es su nombre.

Ahora tocaron las cornetas de corteza Mómi hibe. Ahora cantó  Semenia; cantaron Wanadi y Wa’de. Toso lo recordaron, no olvidaron nada: Kushi, Dodima, Kamaso, Mara’huaka; cómo sembraron; cómo tumbaron. Watun’na; así se llama el recuerdo de nuestro principio.

Como cantaron ellos, ahora cantamos.

Los Aichuriaha, los viejos de ahora saben lo antiguo.

Ahora se despidió esa gente que vino al principio para ayudar nada más, esos hombres Wanadi hizo para tumbar Mara’hueka.

Mientras bailaban, bebían, se cambiaron a pájaros bonitos de todos colores, alzaron vuelo, llenaron el aire con plumas. Todo rojo, verde, amarillo, azul. Era bonito, bonito.  Ahora la Madre de Agua, la Gran Culebra Hui’io salió del río, broto a la luz.

–Quiero mi corona –dijo, buscando plumas, pájaros para su corona. Hui’io sacó en el aire su cuerpo grande; vinieron muchos pájaros. Hui’io se cubrió con plumas. Fue el Arco Iris. Lo llaman Huasudi.

–Bueno, está hecho –dijeron los pájaros –. Nos vamos ahora.

Desaparecieron, fueron al Cielo. Dejaron en la Tierra sus formas nada más para los pájaros de ahora. El Arco Iris no se vio más.

Como carpintero mono, Semenia se fue; se parecía al pájaro Wanadi. Era familia de Wanadi. Ahora, es el dueño de la comida, de la yuca de nosotros en la Tierra.

Sólo quedó acá la gente antigua, borracha, bailando, recordando, cuando se fueron los primeros pájaros.

 

Siempre hago la salvedad de recordar que estos son cuentos en su mayoría transcritos y traducidos por misioneros, en este sentido, sus traducciones son guiadas por sus lenguas autóctonas y sus cosmovisiones –principalmente religiosas– por  lo tanto, puede que se hayan modificado la semántica, sintaxis y gramática de los cuentos, mitos y/o leyendas autóctonas. No obstante, esto no hace que pierdan su valor original como fuente etnográfica y artística.

 


[1] Emanuele Amodio y Oliver du Arte (2006). Las pautas de crianza del pueblo ye’kuana de Venezuela. Caracas: Ministerio de Educación y Deportes junto a Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

 

 

Transcrita por: Marc de Civrieux
Publicación original: Venezuela Misionera, N°366, 1969, pp. 286-287.
Extraida de: Fray Cesáreo de Armellada y Carmela Bentivenga de Napolitano. (1980). Literatura indigena venezolana.Caracas: Monte Avila Editores
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