Mito Yabarana: Mayowoca y Ochi

Mujeres y niño Yabarana
Foto de mujeres y niño yabarana. Extraida de textosyfotos.blogspot.com

Los Yabarana que perduran están distribuidos entre San Juan de Manapiare y varias comunidades a lo largo de la cuenca del Parucito, Estado Amazonas, Venezuela. Su lengua está ubicada, por su filiación lingüística, como parte de la familia Caribe, asimsimo esta en grave peligro de quedarse sin hablantes. Cuentan con una población aproximada de 300 personas

Hoy en día son parte de los grupos que sobreviven a la intervención foranea por la explotación minera del Orinoco

Este mito es sobre Mayowoca y Ochi los creadores del Tercer Mundo de los humanos.


 

Al principio de los tiempos sólo había una pareja de seres humanos (hombre y mujer), que vivían en la soledad más ausrera en el ámbito del mundo. Estos primeros seres humanos tenían un cuerpo diferente del nuestro. ya que la mitad inferior no existía, terminándose en el bajo vientre. Comían con la boca y la eliminación se llevaba a cabo por la tráquea, cerca de la manzana de Adán (de esta materia surgieron los tembladores, con todo el peso de una herencia absurda. . . ).

Además de estos seres httmanos, existían o “eran”, pues que no tenían generación, dos hermanos sobrehumanos, con habilidades casi divinas: el mayor se llamaba Mayowoca y el menor Ochi. Un día, Mayowoca salió para buscar a Ochi, que se había perdido en una de sus muchas aventuras y “trabajos”. Llegó Mayowoca a orillas de un río donde vio al hombre truncado pescando atentamente en la corriente del río. Observándole desde un seguro escondite, vio que que el hombre pescaba un hermoso pez caribe que, coleando, fueizado a un lugar seguro de la orilla. Agarró el hombre su maza e intentó destrozar la cabeza del caribe. El pez en realidad no era un caribe, sino Ochi en persona, que se había metamorfoseado en caribe para robar el anzuelo de oro del hombre.

Mayowoca vio en peligro a su hermano y transformándose en un gigantesco zamuro, comenzó a revolotear encima de la cabeza del atrevido pescador. Este, al defenderse del molesto pájato, descuidó su presa, y cuando el zamuro dejó caer sus excrementos sobre la maza, Ochi aprovechó el momento oportuno,y  haciendo un
tremendo esfuerzo de ballesta, saltó al río.

Inmediatamente Mayowoca se metamorfoseó y tomó la forma de un colibrí y fue a robar el anzuelo de oro al pescador.

Mayowoca entró en una cerrada discusión con el hombre para conseguir la cesta misteriosa que éste tenía, y donde surgía toda una sinfonía de cantos de ave. Se trataba del pájaro-sol, captado por la fuerza y astucia del hombre. El sol todo este tiempo se mantenía fijo y brillante en su perpetuo zenit, sin día ni noche.

Mayowoca se ácercó al hombre, y tomando un cuerpo como el de los seres humanos de ahota le preguntó cuál era el precío por el pájaro-sol, pues que deseaba comprarlo. Ahora bien, .rrutdo Mayowoca se acercó más al extraño ser humano, éste notó que en el sitio donde los hombres actuales tienen las orejas, tenía Mayowoca el tan ansiado anzuelo de oro. Por eso el hombre rechazaba todas las ofertas. ¿Qué hacer? Mayowoca se decidió por ofrecerle lobmás precioso que tenía a su disposición. Dijo al hombre:

-“Veo que te falta la mitad del cuerpo. No tienes pies para andar. Para moverte de un sitio a otro, has de rodar por el suelo como un palo cortad. Si me das al pájaro-sol yo
haré que tengas un par de pies, para poder andar sin molestias. Así podrás ir luego a todás las partes del mundo”

El hombre no pudo resistir a la oferta porque en realidad le era difícil y molesto el desplazarse, rodando como un palo cortado. Por esto, aceptó el intercambio, bajo la previa condición de que su mujer obtendría también la mitad inferior del cuerpo.

Mayorvoca llamó entonces a la mujer del pescador. Les hizo acostarse a la orilla del ríoy y a fuerza de masajes y de un modelar de cerámica con el mismo cuerpo truncado de los primeros seres humanos, obtuvo las extremidades inferiores de ambos.

Inmediatamente, hombre y mujer, brincaban y saltaban sobre sus pies. . . y comenzaron, cuidadosamente  y con precaución, a caminar, a andar. . . Desde este momento los hombres no sólo pudieron caminar, sino que adquirieron la capacidad de reproducirse.

Mayorvoca acompañó a los dos hasta la casa donde el hombre guardaba la cesta con el pájaro-sol. Prometió al hombre tener suma precaución con la misteriosa cesta y de tratar bien al pájaro-sol.

“Y, sobre todo -dijo el hombre- nunca te atrevas a abrir la cesta, porque si la abres, el sol huiría y nunca más podrías encontrarlo. Sí, es muy penoso poseer algo de mucho valor y cuidado, y tenerlo consigo, y llevarlo consigo. . . , pero sin nunca poder ver lo que uno tiene”.

Se despidió Mayowoca de la pareja humana, ya enteriza e íntegra, y fuese, alegre, con la misteriosa cesta, bien equilibrada sobre las abiertas palmas de sus manos. Escuchaba, exaltado, el canto sublime del pájaro-sol. Iba lentamente, con cuidado, arrobado. De pronto, se encontró con su hermano Ochi, quien apareció a orillas de un río, lavándose las heridas que había recibido con la aventura del anzuelo de oro y los primeros golpes de aquella horrible maza. Tan grande quedaba la aventura pasada en la creación que aún hoy día el pez caribe lleva el surco de las rayas negras, detrás de su cabeza: son las heridas restañadas, pero no desaparecidas, de aquella tremenda aventura del principio de los tiempos.

Cuando Ochi vio a su hermano mayor, se levantó al instante para acompañarle en el largo camino de la selva virgen. Al atardecer, llegaron a lo más intrincado de la selva
inmensa. Y allí vieron un hermoso árbol, cargadito de frutas. Ambos tenían mucha hambre. Mayowoca pidió a Ochi subiera al árbol para conseguir las frutas tan sabrosas.

Ochi concibió su plan, porque aquella cesta y aquel canto no eran normales. Subió, sí, al átbol, pero arriba comenzó a sacudir al tronco de un modo alarmante.

-“No puedo subir más -dijo a su hermano-. El viento es muy fuerte. Ven tú, pues que eres más fuerte que yo. Tal vez puedas llegar a la copa del árbol, donde están esas frutas tan sanrosas…”

Saltó a tierra y Mayowoca subió al árbol, no sin antrd advertir a ochi que no abriera de ningún modo la misteriosa cesta. Ochi, sin embargo, vencido por la curiosidad, no hizo caso alguno a la advertencia y tan pronto como su hermano entre el follaje del árbol, saltó para abrir la tapa de la cesta. Al instante mismo, el pájaro sol interrumpió su armonioso canto y escapóse volando al cielo, en un horrible croar desconcertado. Al mismo tiempo aparecieron unos nubarrones, desapareció el sol y la tierra entera quedó sumida en una noche negta, negra como el azabache. Cayó la lluvia a torrentes. . , y llovió, llovió 12 días sin parar. La tiena entera quedó anegada en aguas sucias, frías, negras, infectas. . .

Los dos humanos se hundieron: una colina los tragó. Ningún pájaro cantaba ya en los árboles y ningún animal rugía ya en la selva y en los montes. Sólo el viento ululaba. Sólo la lluvia fustigaba. Y entre las aguas negras y el cielo aún más negro, se oía el eco tremendo de la voz lastimera de Ochi, quien, acurrucado y en cuclillas, lamentaba su acción imprudente, al!á en la cima de un altísimo cerro, a donde las aguas no llegaban.

Mayowoca, sin embargo, no podía oír a su hermano Ochi. Se había ido, metamorfoseado en murciélago, allá arriba, a lo más alto de las nubes. La noche había cubierto sus ojos y la tormenta sus oídos.

Ochi se hizo una cama de barro para dormir. Y creó, allá arriba, en la cima del altísimo cerro, un gran número de mamíferos, para poder matar su propia hambre. Los animales de Mayowoca, allá en las alturas, más allá de las tormentas, eran los pájaros y los monos.

Muchos años después, Mayowoca mandó al pájaro Conoto en busca del sol. Conoto voló inmediatamente hasta el zenit, en donde el sol estaba fijo, antes del diluvio universal. Pero, cuando después de un camino interminable, llegó al zenit, el sol no estaba allá. Cansado, se dejó llevar planeando, por un fuerte viento huracanado. Y Conoto tembló en todo su cuerpo, cuando se percató que inconscienternente había llegado al extremo límite de la tierra. Pero ¡oh sorpresa! , allá estaba el sol: una luz cada vez más brillante, a medida que se acercaba más al centro. . . y al fin una pelota roja de fuego.

El sol, cansado de estar encerrado en la cesta del hombre,habíase fugado desde su puesto-prisión de zenit, hasta los dos extremos límites del mundo. Entre los dos límites extremos, corría el pájaro-sol, contento de su libertad, pero sin poder ir más allá. Así nació el período del día y de la noche. En la noche, cuando los hombres no pueden ver al sol. éste baja por debajo de la tierra allanada, para luego aparecer de nuevo en la mañana en el extremo opuesto.

El pájaro Conoto agarró al pájaro-sol con una masa algodonada de nubes, y sin quemarse, lo arrojó a la tierra. Un mono blanco recibió en sus manos a la bola misteriosa. Deshizo ésta, hilacha por hilacha, todo el pelotón de nubes… y con sumo cuidado encerró de nuevo al pájaro-sol en la cesta.

Subió el sol aI zenit, en donde se paró por breves momentos. Y en el brillo más grandioso del día. Mayowoca halló a Ochi en la cima del cerro altísimo, donde se había refugiado durante el diluvio. Llamó a Ochi: “Hermano mío, ya pareció el sol nuevamente”. Mayowoca planeó encima de su hermano y dijo que en el futuro no podrían ya vivir juntos. El uno viviría en el Oriente: Ochi; y Mayowoca al otro extremo del mundo: Occidente. Y desde ese tiempo, los dos hermanos viven separados, separados y con la tierra inmensa y hostil entre los dos.

Después del diluvio, Mayowoca quiso poner orden en la tierra deshecha por la tempestad del diluvio. Y para esto necesitaba muchos años, porque la tiena era muy inhóspita y hostil, a causa de las inmensas hecatombes del diluvio.

Paru la nueva ordenación creadora de la tierra, Mayowoca no necesitaba ningún esfuerzo, pero sí mucho tiempo pata transportar sus ideas a través de las zonas hostiles de la tierra. Todo lo que hoy se encuenra en la tierra fue creado nuevamente por Mayowoca en su caminar por el ámbito de la tierra entera. Mayowoca pensaba: “Aquí faltan árboles. . . “. Y a su paso, detrás de sus huellas, brotaban los árboles. Mayowoca seguia pensando: “Aquí faltan ríos. . . “. Y los ríos surgían con sus chorros y manantiales primeros, al paso de Mayowoca. “Aquí faltan animales. . . ” Y a su paso, surgían todos los animales por la fuerza de su pensamiento y de su querer.

Pasó mucho tiempo, hasta que todos los seres respondieron con su existencia al pensar y querer de Mayowoca. Acabada la nueva creación, Mayowoca dirigió sus pasos e
la montaña donde habian sido tragados los primeros humanos. Abrió el cerro en dos mitades y las personas, ya numerosas, salieron alegres a la luz del sol y todos ellos siguieron a Mayowoca. Enseñóles la tierra y el cultivo de todas las artes.

En la última etapa de un largo caminar con las personas, Mayowoca celebró con éstos una gran fiesta, en la que les enseñó la fabricación de la bebida alcohólica favorable a la comunicación con el cielo: el óki. Después de la fiesta, dijo a los hombres que esta fiesta había de celebrarse para ser alegre y en su memoúa y recuerdo. Y Mayorvoca ascenió a las nubes. Y en el sitio preciso donde se separó de los humanos se pueden ver aún hoy día las huellas de sus plantas: pues que la tierra mojada que recibió la impronta de sus pies sé secó inmediatamente para perenne recuerdo de su marcha.

Así fue como fue creado el Tercer Mundo. El Primer Mundo fue destruido por el fuego, porque las personas de ese entonces quisieron vivir en un incesto permanente [1]. El Segundo Mundo fue destruido con el diluvio, a causa de la imprudencia de Ochi con el pájaro-sol. El Tercer Mundo, será destruido por los espíritus malos “los máwari”, que son los secuaces de un ser, el más perverso del mundo: Ucara. El Cuarto Mundo será el mundo de Mayowoca, en donde todas las almas de los seres humanos y los seres todos de la creación entera vivirán juntos en paz idílica, sin ser molestados por mal alguno.

Continuara… [2]

 

Siempre hago la salvedad de recordar que estos son cuentos en su mayoría transcritos y traducidos por misioneros, en este sentido, sus traducciones son guiadas por sus lenguas autóctonas y sus cosmovisiones –principalmente religiosas– por  lo tanto, puede que se hayan modificado la semántica, sintaxis y gramática de los cuentos, mitos y/o leyendas autóctonas. No obstante, esto no hace que pierdan su valor original como fuente etnográfica y artística.

 


[1] Por eso Mayowoca y Ochi consiguen a los humanos sin extremidades inferiores.

[2] En otra oportunidad les trae la continuación que es la historia de Ucara y los Máwari

 

Publicación original: Antropológicas, N°5, 1985, pp.58 y ss. Extraida de: Fray Cesáreo de Armellada y Carmela Bentivenga de Napolitano. (1980). Literatura indigena venezolana. Caracas: Monte Avila Editores
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