Mito Kariña: LOS GEMELOS Y LA VIEJA TARUNMIO

pueblo kariña
comunidad karinña. foto del Jardin d’acclimatation a Paris en 1892

El pueblo kariña Esta etnia perteneciente a la familia Caribe, se distribuye principalmente en el centro–sur del Estado Anzoátegui, norte del Estado Bolívar, en las riberas del río Orinoco estados Bolívar, Apure y Delta Amacuro y en el Estado Monagas, también se ubican en la zona de la Guayana Francesa, área costera de Guyana y Surinam donde son llamadas Galibi. La lengua kariña es hablada por unas 11.000 personas. En el Estado Anzoátegui, persisten 25 comunidades kariñas con unos 4500 habitantes


 

O el origen de los frutos

Una vez el sol se acostó con la luna y ésta salió en estado. Entonces el sol la invitó a parir en su casa.

– ¿Cómo se va a tu casa? –Le  preguntó la luna.

Él le dijo:

-En la primera encrucijada del camino que va hacia las montañas debes tomar el sendero donde encuentres una pluma de guacamaya. Más adelante te toparás con una pluma de pájaro yuis, cerca de allí está mi choza. ¡Pero debes tener mucho cuidado, si te equivocas de camino llegarás a la casa de la Tarunmio, la vieja Come-Gente!

Llegado el día, la luna salió a parir en la morada del sol. Más inquietos que la madre estaban los hijos dentro de la barriga. La molestaban sobremanera. Durante el camino no hacían más que decir: “Mira mamá esas flores bonitas”. “Contempla mamá esos frutos maduros”. En una de esas la luna se cayó, y disgustada por ese atrevimiento de sus hijos, les pegó por sobre la barriga, luego de regañarlos. Todavía no estaban afuera y ya fastidiaban.

Cuando llegó a la encrucijada, la luna no se acordaba cuál era la señal convenida. Toda aterrada les preguntó a sus hijos, pero éstos, enojados, no le contestaron. Era de suponer su equivocación y su arribo a la casa de la vieja Tarunmio. LA vieja Come-Gente cocinaba en ese momento. La luna cansada y hambrienta le pidió alojamiento por esa noche. La Tarunmio no pidió dos veces. Le ofreció comida, agua, un cuarto y le ayudo a acostarse. En la noche mató a la luna le sacó los gemelos y se la comió. Desde ese día los gemelos tuvieron por madre a la vieja. En unos días crecieron y se convirtieron en hombres porque en ellos corría sangre de astros. Los muchachos salieron cazadores. Todas las noches traían paujíes, lapas, rabipelados, que la vieja en las noches los cocinaba y se los comía sin darle nada a los muchachos.

La Come-gente sólo les daba una torta blanca con sabor a casabe. Los gemelos cansados de la misma comida, se preguntaron donde sacaba la vieja el casabe si ella no sembraba yuca. Entonces se pusieron de acuerdo para observar como hacía. De un enorme sapo la vieja extraía una leche espesa que echaba sobre el budare y de allí salían las sipiipa [1]. Después se ponía a conversar con el animal.

–Ya llegará el día en que no te sacare más leche para ellos. De un momento a otro me los comeré.

Al darse cuenta de que la vieja no era su mamá sino un Tarunmio, decidieron matarla. Además, al regreso de una cacería de paujíes, oyeron decir a dos de estos lo siguiente: “Quien nos está cazando son los hijos de la luna pero…” con todo el resto de la historia.

En la tarde, le dijeron a la vieja que pensaban hacer una roza[2] para sembrar, pero para tener una buena cosecha era necesario que echaran sus cantos encima de una troja que ellos levantarían.

A los dos días estuvo la roza y se montó la troja en el tercero. Cuando la vieja comenzó a cantar, los dos gemelos prendieron candela a un poco de leña que estaba debajo. La vieja no tuvo tiempo de saltar por el fuego la quemó como una rama seca… y fue allí donde los indios fundaron la primera sementera y donde se dieron por primera vez todos los frutos: ocumo, mapuey, ñame, y muchos más.

 

 

[1]Torta de almidón

[2]Preparar un terreno para la siembra. Parte del proceso de conuco.

 

Siempre hago la salvedad de recordar que estos son cuentos en su mayoría transcritos y traducidos por misioneros, en este sentido, sus traducciones son guiadas por sus lenguas autóctonas y sus cosmovisiones –principalmente religiosas– por lo tanto, puede que se hayan modificado la semántica, sintaxis y gramática de los cuentos, mitos y/o leyendas autóctonas. No obstante, esto no hace que pierdan su valor original como fuente etnográfica y artística.

 


 

Extraida de: Fray Cesáreo de Armellada y Carmela Bentivenga de Napolitano. (1980). Literatura indigena venezolana. Caracas: Monte Avila Editores
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