Decolonizar nuestro pensamiento para seguir luchando

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Vivimos en un momento histórico en el que el poder colonial-neoliberal en su descarnada y violenta lucha por el control económico del planeta, ya no puede ocultar su cara y arremete con amenazas y acciones que lo ponen en evidencia pública, siempre con intención se intimidar antes de actuar.


 

La aparición en escena de un crecimiento abierto y descarado de xenofobia, racismo, misoginia, homofobia y violación de derechos civiles y sociales, que tiende a judicializar la protesta y la disidencia, así como mantener la disposición a obviar pactos y negociaciones, busca como fin profundizar al máximo las reformas neoliberales con nuevas formas de control extraterritorial, hacia las periferias y sectores históricamente vulnerados de la sociedad. De ahí que se apoyen a las dictaduras, a gobiernos ultra-neoliberales y totalitarios que arremeten contra el pueblo, e intervienen en la política interna de otros países de acuerdo a sus intereses y violando el derecho público internacional. Cada vez más, se evidencia la impunidad frente a la tortura, a los actos terroristas y asesinatos a líderes populares y comunidades que impugnan el poder hegemónico que los oprime[1].

El aparato ideológico del Estado nos impone una forma de pensar y de actuar que no vemos y que asumimos como naturales y que solo entran en contradicción cuando los contrastamos con nuestros ideales de vida y de convivencia. Por eso, comprender la violencia con la que se arremete contra las poblaciones que deciden resistir y no rendirse frente al atropello y la desidia es más fácil de percibirla hoy, porque la realidad se nos muestra tal cual como es, en el propio discurso y debate en los medios controlados por el poder económico, en la palabra y la acción. Solo se necesita ampliar la mirada y darle sentido a nuestra posibilidad de vida, frente al sinsentido que nos obliga a vivir en la oscuridad.

El pueblo que lucha con convicción por sus condiciones de vida digna sin discriminación alguna requiere liberación de las ataduras del sistema hegemónico y de la posibilidad de acumular fuerza, conquistando nuevos espacios de pensamiento y acción para la prefiguración y construcción del futuro deseado. Para acumular fuerza creciente e independiente de los centros de poder mundial necesita romper mitos, superar obstáculos epistemológicos y fetiches, así como barreras espaciales y del saber, en la que requiere aprender en la diversidad histórica cultural existente y de múltiples sentidos de la historia, como una virtud del ser humano en su hacer-histórico para avanzar en una nueva civilización.

 


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Una sociedad solidaria, en la que se complementen las capacidades, las culturas y se compartan con equidad los recursos geofísicos en los territorios donde se cohabita, en simbiosis y equilibrio con la naturaleza a la que pertenecemos. En pocas palabras, un lenguaje en permanente creación, producto y productor de nueva cultura, de capacidad organizativa geopolítica en crecimiento y de capacidad de razonamiento crítico-reflexivo para prefigurar colectivamente un horizonte de cambio posible; que oriente la creación permanente de nuevas estrategias y tácticas de acción desde la acción misma, de metas y caminos en permanente revisión y corrección, en relación con el impacto que se tenga de la praxis social en transformación.

Los efectos en las mayorías populares de los acuerdos neoliberales colonialistas han alertados a las más politizadas, que han “despertado”, o renovado sus fuerzas, al comprender que se trata de una falacia que termina revirtiéndose contra los sectores ya vulnerados severamente. Las anteriores ofertas que han realizado los órganos que representan los intereses de las grandes corporaciones económicas, financieras y productivas, han sabido inteligentemente maquillar sus ofertas para no aparecer como los responsables de un futuro nuevo fracaso. Este planteamiento deja de lado las obvias desventajas de una relación desproporcionadamente asimétrica en cuanto al poder económico y bélico; que está detrás de cualquier negociación bilateral o de bloques económicos, que marcan la pauta en el destino de tales acuerdos, de sus efectos asimétricos en el desarrollo de las condiciones de vida para la población.

Resulta cada vez menos creíble, que los “únicos responsables” de los graves problemas sociales, así como de las debilidades en sus sistemas políticos y de gobierno, fragilidades de sus sistemas legales y las limitaciones para un desarrollo socioeconómico sean, justamente, los poseedores y proveedores de riquezas que son codiciadas e indispensables para mantener la supremacía del “cooperante”. Sería un verdadero contrasentido dentro de la lógica liberal burguesa, que pregona la libre competencia y la libertad de empresas imponiendo el derecho privado sobre el derecho público, no actuar de esa manera. Para cambiar esta tendencia se requiere algo más que voluntad política de ambos lados de la relación. ¿Quiénes están dispuesto a hacerlo? Esto define los sujetos políticos del cambio, qué y con quiénes se puede negociar, los posibles aliados, riesgos y alcance del acuerdo.

La creencia de la racionalidad liberal-burguesa de la posibilidad de un desarrollo de todas las naciones y pueblos, y de que éste depende fundamentalmente del esfuerzo y sacrificio de los países que aspiran mejorar las condiciones de vida de la población, está perdiendo peso y legitimidad en los sectores populares politizados. Esto se evidencia en los avances de la organización popular y en la fuerza creciente de los movimientos de resistencia y defensa de la soberanía y las identidades histórico-culturales de muchos pueblos en el mundo, en medio de una nueva arremetida colonial-neoliberal, caracterizada por el uso de la fuerza bélica, en todas sus formas de guerra convencional o de cuarta y quinta generación.

 


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En síntesis, en esta relación de dominación-subordinación que protagonizan las clases subalternas en su lucha contra toda forma de opresión y despojo-dominio de sus territorios, contra la desestabilización de sus sistemas políticos de gobierno –o posibilidades de tenerlo– y la destrucción de culturas que se resisten al dominio hegemónico mundial que intenta imponen su cultura de la mercantilización y la sociedad del consumo. Este mecanismo es el que garantiza mayor explotación-opresión al pueblo trabajador y la elevación del beneficio en la acumulación del capital.

Adicionalmente el sistema capitalista/colonialista favorece la exclusión social creciente de sectores socialmente “desechados” en tanto no les son útiles a los fines que persiguen. Nuestro interés por aportar a la construcción de una nueva civilización, que recupere el sentido humano en sociedad, nos ha llevado a desarrollar investigaciones desde y para la acción, que conciba al sujeto en colectivo como el centro del cambio necesario y posible. Un sujeto que transite el camino de la descolonización del saber-pensar y del saber-hacer como categorías que definen la sabiduría popular. Un sujeto que valora el sentido del saber-vivir y de convivir, en tanto saber político-cognitivo que le otorga potencia al hacer-transformador desde su propia realidad y praxis creadora.

La urgencia inaplazable de construir alternativas que nos orienten hacia ese horizonte nos coloca en el compromiso impostergable de crear teoría y práctica sobre situaciones concretas emancipadoras de la vida en sociedad. Es así como la experiencia de lucha, de los movimientos y organizaciones populares, se convierte en fuerza vital transformadora, con capacidad de autoformación colectiva y autoorganización y de una nueva forma de conocer la realidad y aprender un nuevo hacer-histórico con innovadores y creativos caminos y metas, para incidir en ella, con un potencial emancipatorio que le confiere fuerza creciente al poder popular en lucha por una vida digna y una convivencia solidaria en sana paz.

 

[1] La redimensión de la política imperialista de EEUU exige como reiteradamente lo declara Donald Trump, desde la presidencia de la principal potencia a nivel mundial, una política internacional agresiva contra todo el que no acepte incondicionalmente su dominio hegemónico. Como Presidente se enfrenta a la mayor crisis estructural económica y social en su historia como potencia hegemónica mundial. Por eso, no vacila en destruir a quien se interponga en su camino para imponer el “América primero”.

 


Autora: Elizabeth Alves Pérez. Publicación original: https://www.alainet.org/es/articulo/197285. En: 12/2018
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