Cuento Baré: La Historia Del Monito Pwacari

¿Quienes son los Baré?

El pueblo Baré habita en dos países de la región: En Brasil (Amazonía) y Venezuela (Orinoquía). Su familia lingüística es el Arawak y su Lengua de uso baré (Venezuela) y nheengatú (Brasil). En Venezuela se estima una población de 2.816. Esta población ha mermado considerablemente desde el siglo XX especialmente con la explotación de caucho y actualmente por la situación de mineria y económica del país

La Historia Del Monito Pwacari

Cuando andaba entre la gente Porunaminari –creador de la tierra, del agua y de todas las cosas, padres de la jinnátati  [1] y de los jéinari [2]– un mono se casó con una india llamada Foméyaba, quien siempre olía muy bien, a las mejores flores… Foméyaba salió embarazada y desde ese momento los otros monos y los rabipelados le tuvieron rabia.

Un día el marido le dijo:

–Vaya a casa de mi madre a rallar yuca  para hacer casabe. Pero al llegar a la montaña ponga cuidado porque hay dos caminos. En uno va a encontrar un pedazo de cola de rabipelado y en el otro un rabo de waca [3]. El primero conduce a casa del rabipelado, el segundo a la casa de mi madre.

Pero el rabipelado había escuchado la conversación y salió corriendo a cambiar las señales. De manera que Foméyaba se equivocó y fue a dar donde la madre del rabipelado. Por el mal olor reconoció el lugar, mas cuando quiso regresar, ya era demasiado tarde, porque el animal le cerró el paso y la agarro. Forcejearon un rato; después que el rabipelado abusó de ella la dejó ir.

El marido uso flores hierbas y bastante flores para quitarle el mal olor a su mujer… no obstante, siempre le quedo un poquito.

Los otros monos querían matarla para que no diera luz. Hicieron un largo viaje a donde ella estaba y en un descuido del esposo, la descuartizaron. Sin embargo, la criatura de sus entrañas apenas logró sobrevivir y apenas tenía forma. Una araña del río la terminó de formar. Como era varón lo llamó Pwácari. Era muy pequeñito y olía un poco a rabipelado. Aprendió a hablar como la corriente del río que cae por las chorreras: “Cum- Cum”, dice el agua, “Cum-Cum” dice Pwácari.

Estando más grandecito lo crio la raya.

Equivocadamente, la raya guardaba una cesta llena de camarones rojos y creyó que eran ajíes y, Pwácari se los comió.

–Ay, ay ¿Quién me comería mis ajíes?

–Eran camarones los ajíes son diferentes– le dijo Pwácari. Al rato le trajo un poco de ajíes. La raya al comerlos, se pico y para calmarse, se tiró al río. Pwácari le tiró un flechazo y se lo pegó en el rabo. Ese es el origen de la espina que tienen las rayas debajo de la cola.

En aquella época, los animales se convirtieron en otros y Pwácari se transformó en una culebra para llegar a donde su abuelo, porque su padre había muerto de tristeza. El abuelo lo cogió y le cayó a correazos, pero de inmediato, Pwácari se descubrió como su nieto.

El abuelo y el nieto vivieron un tiempo junto. Una vez el abuelo le dijo:

– En esta choza se mete un mato [4] muy grande y gordo. Yo lo quisiera tomar pero como estoy muy viejo no me es fácil. Tú si lo puedes tomar. Cuando lo veas aparecer, fléchalo.

El abuelo salió. Al rato entró el mato. Pwácari se le encaramó en el techo y desde allí lo flechó por la cabeza. El lagarto se revolvió de un lado para otro, partió la flecha y huyó con la punta encajada.

Al rato el viejo regresó. Pwácari le notó una puntilla metida por detrás de la cabeza. Se parecía a la de su flecha.

–Yo  me convertí en mato para probar tu valor y puntería. Ahora sí debes ir a vengar a tu madre, a matar a los demás monos.

Pasó el tiempo. A los monos había llegado la fama de Pwácari, pero no lo conocían. Se lo imaginaban muy grande. Un día los monos elaboraban una curiara en la playa del río. La aldea estaba sola con su cacique.  A él se le presentó Pwácari.

–Déjeme ayudarlo con la chícura[5] a sembrar mientras sus monos hacen la curiara.

El cacique accedió y Pwácari con la misma chícura lo mató. Luego, en la tarde, fue donde los zamuros y les pidió una cesta de temaris [6]. Se la llevó a los monos, quienes quedaron con ganas de comer más. Pwácari les señaló dónde había un árbol cargadito. Allí se fueron. Pwácari aprovechó para transformar la curiara en caribes y babas [7]. Como había muchos temaris, la noche sorprendió a los monos encaramados. Pwácari hizo una laguna alrededor del árbol y les lanzó los caribes y las babas. Comprendieron el engaño –el cual no podía ser sino de su único enemigo, Pwácari– cuando a uno de ellos se le cayó un fruto sobre el agua y por el ruido entendieron el peligro.

Pwácari se disponía a flecharlos cuando en eso llegó Corú-Corú [8].

–Déjame que yo te los flecho –le dijo.

Mas la primera flecha sólo sirvió de puente y un grupo monos se escapó. Pwácari lleno de enojo le dio un duro golpe en la cabeza al Corú-Corú, tan duro que se le pegó contra el pecho… Por eso el Corú-Corú tiene la cabeza gacha.

Pwácari flechaba a los monos y éstos al caer se los repartían los caribes y las babas. Lo mismo sucedía a quienes desesperados se lanzaban para escapar. Cuando  Pwácari se Ie acabaron las flechas se fue.

A pesar de ello, no acabaron las calamidades para los monos. A uno que guindaba de una rama muy cerca del agua una baba le arrancó el rabo y las nalgas… De ese se engendraron las perezas[9]. Otro mono le dijo a una baba:

–Llévame  hasta la orilla.

LA baba aceptó con la intención de comérselo apenas tuviese lugar. El mono no era tonto y sospechaba las ganas de la baba. Al rato, como tenía mucho calor, se lo expresó. Apenas pasaron cerca de una rama cuando el mono saltó, la baba escasamente pudo arrancarle el rabo… De él se engendraron los que llaman monos chocotes porque no tienen cola.

Esta es la razón por Ia cual todos los monos respetan al mono Pwácari, pese a ser el más pequeño de todos ellos.

 

[1] Mujeres, en lengua baré.

[2] Hombres

[3] Pájaro de la región.

[4] lagarto

[5] Instrumento largo punzante para introducir las semillas en la tierra.

[6] Frutos de un árbol de la región.

[7] Reptil parecido al cocodrilo, pero mucho más pequeño,

[8] Ave pequeña de la zona.

[9]Perezosa, mamífero propio de la América tropical

 


Siempre hago la salvedad de recordar que estos son cuentos en su mayoría son transcritos y traducidos por misioneros, en este sentido, sus traducciones son guiadas por sus lenguas autóctonas y sus cosmovisiones –principalmente religiosas– por  lo tanto, puede que se hayan modificado la semántica, sintaxis y gramática de los cuentos, mitos y/o leyendas autóctonas. No obstante, esto no hace que pierdan su valor original como fuente etnográfica y artística.

 

 


Publicación original: Del libro Cuentos Indígenas venezolanos de Lubio Carcozi. Publicado por la Universidad de Los Andes pp.21 y ss. 

Extraida de: Fray Cesáreo de Armellada y Carmela Bentivenga de Napolitano. (1980). Literatura indigena venezolana. Caracas: Monte Avila Editores

 

 

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