¿Qué es el Capitalismo? Parte II

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Hablan defen­so­res del sis­te­ma capi­ta­lis­ta

Hace años, cuan­do el sis­te­ma capi­ta­lis­ta esta­ba sur­gien­do, los defen­so­res del sis­te­ma capi­ta­lis­ta eran bas­tan­te cons­cien­tes de lo que esta­ba suce­dien­do.

Para ver­lo, vol­va­mos un momen­to al señor Man­de­vi­lle, quien escri­bía:[1]

“La úni­ca cosa que pue­de hacer dili­gen­te al hom­bre que tra­ba­ja es un sala­rio mode­ra­do: si fue­ra dema­sia­do peque­ño lo des­ani­ma­ría o, según su tem­pe­ra­men­to, lo empu­ja­ría a la deses­pe­ra­ción; si fue­ra dema­sia­do gran­de se vol­ve­ría inso­len­te y pere­zo­so…”

Obser­ve­mos en esto tan impor­tan­te: hay que man­te­ner a la gen­te de mane­ra que esté siem­pre “a raya”; si los sala­rios son altos, los obre­ros son “inso­len­tes”, o sea pue­den desafiar al patrón. Man­de­vi­lle con­ti­núa:

“… en una nación libre, don­de no se per­mi­te tener escla­vos, la rique­za más segu­ra con­sis­te en una mul­ti­tud de pobres labo­rio­sos”

Efec­ti­va­men­te, “pobres labo­rio­sos”, esto es, gen­te que tra­ba­ja y es pobre. Vean más aba­jo cómo éste es un ras­go típi­co del sis­te­ma capi­ta­lis­ta actual.

Otro autor defen­sor del sis­te­ma capi­ta­lis­ta, lla­ma­do Mor­ton Eden, escri­bía:

“Las per­so­nas de posi­ción inde­pen­dien­te deben su for­tu­na casi exclu­si­va­men­te al tra­ba­jo de otros, no a su capa­ci­dad per­so­nal, que en abso­lu­to es mejor que la de los demás. Es… el poder de dis­po­ner del tra­ba­jo lo que dis­tin­gue a los ricos de los pobres…”

Mor­ton Eden tam­bién decía que lo que con­ve­nía a los pobres no era una situa­ción “abyec­ta o ser­vil”, sino “una rela­ción de depen­den­cia ali­via­da y libe­ral”. Esto para que estén más entu­sias­ma­dos por tra­ba­jar. Pero que nun­ca ganen lo sufi­cien­te como para libe­rar­se del capi­ta­lis­mo.

Otro teó­ri­co, lla­ma­do Storch, escri­bía:

“El pro­gre­so de la rique­za social engen­dra esa cla­se útil de la socie­dad que ejer­ce las ocu­pa­cio­nes más fas­ti­dio­sas, viles y repug­nan­tes, que echa sobre sus hom­bros todo lo que la vida tie­ne de des­agra­da­ble y de escla­vi­zan­te, pro­por­cio­nan­do así a las otras cla­ses el tiem­po libre, la sere­ni­dad de espí­ri­tu y la dig­ni­dad con­ven­cio­nal del carác­ter.”

Una cla­se hace las tareas más “fas­ti­dio­sas”, para que la otra cla­se ten­ga tiem­po libre para dis­fru­tar sus coun­tries, Pun­ta del Este, recrea­cio­nes de todo tipo y pue­dan, ade­más, cul­ti­var sus exqui­si­tos espí­ri­tus.

Un reve­ren­do, lla­ma­do Tow­send, agre­ga­ba:

“… el ham­bre no sólo cons­ti­tu­ye una pre­sión pací­fi­ca, silen­cio­sa e ince­san­te, sino que ade­más… pro­vo­ca los esfuer­zos más inten­sos

Este señor “la tenía muy cla­ra”, como se dice hoy: la ame­na­za del ham­bre es una “pre­sión silen­cio­sa” que hace tra­ba­jar inten­sa­men­te. ¿Qué tra­ba­ja­dor no se sien­te refle­ja­do en estas pala­bras?

Pero ade­más, estas vie­jas ideas, ¿se siguen defen­dien­do hoy? La res­pues­ta es que sí, que se siguen defen­dien­do. Por ejem­plo, a los alum­nos de Cien­cias Eco­nó­mi­cas se les ense­ña, en los cur­sos que dic­tan los docen­tes que adhie­ren a la doc­tri­na “ofi­cial”, que:

a) Debe exis­tir un nivel de des­em­pleo, que ellos lla­man “natu­ral”, para que la eco­no­mía fun­cio­ne de mil mara­vi­llas.

b) Que por lo tan­to el gobierno no debe inten­tar bajar esa tasa natu­ral; lo úni­co que pue­de hacer es dete­rio­rar más las con­di­cio­nes de tra­ba­jo y bajar sala­rios.

c) Que el que está desocu­pa­do es por­que quie­re, por­que no acep­ta tra­ba­jar por el sala­rio que se le ofre­ce. Hace algu­nos años, en 2001, un alto fun­cio­na­rio del Minis­te­rio de Eco­no­mía dijo que la desocu­pa­ción en Argen­ti­na era volun­ta­ria. Lo dijo cuan­do millo­nes de seres huma­nos esta­ban deses­pe­ra­dos bus­can­do un tra­ba­jo.

Estas teo­rías jus­ti­fi­can enton­ces la desocu­pa­ción y los bajos sala­rios, por­que de lo que se tra­ta es de man­te­ner sobre los obre­ros esa “pre­sión pací­fi­ca, silen­cio­sa e ince­san­te” para que hagan los “esfuer­zos más inten­sos”, de mane­ra que siga aumen­tan­do la acu­mu­la­ción de rique­za y el goce de la cla­se pro­pie­ta­ria de los medios de pro­duc­ción.

El racis­mo, la dis­cri­mi­na­ción, la xeno­fo­bia, ayu­dan al capi­tal

El capi­ta­lis­mo no sólo ha domi­na­do a tra­vés de la desocu­pa­ción y la ame­na­za del ham­bre. O de la repre­sión abier­ta de los tra­ba­ja­do­res cuan­do éstos qui­sie­ron cues­tio­nar seria­men­te el sis­te­ma (aun­que este aspec­to del pro­ble­ma no lo vamos a tocar en este cur­so).

El sis­te­ma capi­ta­lis­ta tam­bién ha domi­na­do con las divi­sio­nes que se pro­du­cen entre los tra­ba­ja­do­res a par­tir de la dis­cri­mi­na­ción. De múl­ti­ples mane­ras en la socie­dad se incul­ca la idea de que, por ejem­plo, los negros son infe­rio­res. Expre­sio­nes como “negro ville­ro” son comu­nes, y meten la idea de que una per­so­na de piel oscu­ra pue­de ser some­ti­da a las peo­res con­di­cio­nes de tra­ba­jo por­que “es un ser infe­rior”.

De la mis­ma mane­ra las muje­res son dis­cri­mi­na­das sis­te­má­ti­ca­men­te. Por ejem­plo, está com­pro­ba­do que en pro­me­dio, y por igual tra­ba­jo, una mujer gana un 30% menos de sala­rio que el hom­bre.

Otro ejem­plo es lo que suce­de con nues­tros her­ma­nos para­gua­yos, boli­via­nos, perua­nos. Cons­tan­te­men­te en los medios se los pre­sen­ta como “sucios”, “ladro­nes”, inclu­so como “no ciu­da­da­nos”. Hace un tiem­po el dia­rioCró­ni­ca titu­ló una noti­cia: “Mue­ren tres ciu­da­da­nos y dos boli­via­nos en un acci­den­te de trán­si­to”. De esta mane­ra tam­bién a ellos se los pre­sio­na para que acep­ten las peo­res con­di­cio­nes de tra­ba­jo.

Todo lucha­dor social debe­ría com­ba­tir por todos los medios estas for­mas de dis­cri­mi­na­ción, que divi­den al pue­blo. Toda divi­sión del pue­blo tra­ba­ja­dor sólo favo­re­ce el domi­nio del capi­tal. Y no habrá libe­ra­ción de los tra­ba­ja­do­res de la explo­ta­ción del capi­tal en tan­to no supe­re­mos estas lacras.

 


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La com­pe­ten­cia y la con­cen­tra­ción de la rique­za

Si bien los capi­ta­lis­tas están uni­dos cuan­do se tra­ta de man­te­ner la explo­ta­ción, entre ellos exis­te la más feroz compe­tencia. Cada empre­sa­rio tra­ta de ven­der más que sus com­pe­ti­do­res, sacar­le clien­tes. Para eso, cada uno bus­ca aumen­tar la explo­ta­ción de sus obre­ros y tec­ni­fi­car­se. Si un capi­ta­lis­ta des­cu­bre una téc­ni­ca mejor para pro­du­cir, pro­cu­ra que la com­pe­ten­cia no la conoz­ca, con la espe­ran­za de bajar los pre­cios y arrui­nar a los otros. Los capita­listas que no logran seguir el rit­mo de la reno­va­ción tec­no­ló­gi­ca, se arrui­nan y son absorbi­dos por la com­pe­ten­cia o van a la quie­bra.

Por eso Marx decía que la com­pe­ten­cia es como un láti­go, que obli­ga a cada empre­sa­rio a ir has­ta el fon­do en la explo­ta­ción de sus obre­ros. Esta es una ley de hie­rro en la socie­dad actual. Por esta razón la explo­ta­ción no tie­ne que ver con la bue­na o mala volun­tad de algu­nos empresa­rios indivi­duales. Pue­de haber due­ños de empre­sas que con­si­de­ren inhu­ma­nas las condi­ciones en que viven los trabajado­res, pero segui­rán man­te­nien­do los sala­rios bajos y exi­gien­do más y más rit­mo de tra­ba­jo, argumentan­do que “si no lo hace­mos la com­pe­ten­cia nos va a arrui­nar”. Por eso no hay que espe­rar que los capi­ta­lis­tas “compren­dan” las nece­si­da­des de los tra­ba­ja­do­res y modi­fi­quen voluntaria­mente sus comporta­mientos.

Hoy este impul­so del sis­te­ma capi­ta­lis­ta se ve mul­ti­pli­ca­do por la competen­cia inter­nacional. Los capi­ta­lis­tas de todos los paí­ses están lan­za­dos a una carre­ra desespe­rada por bajar los cos­tos, por aumen­tar la explo­ta­ción, para sobre­vi­vir en el Mer­co­sur y en otros mer­ca­dos mun­dia­li­za­dos. Los empre­sa­rios hacen un chan­ta­je a los trabajado­res por­que dicen: “si no acep­tan todas las condicio­nes de tra­ba­jo que impon­go, voy a inver­tir en otro país”.

Esta lucha entre los capi­ta­lis­tas por aumen­tar la explo­ta­ción para sobre­vi­vir es la razón prin­ci­pal por la cual en el capi­ta­lis­mo exis­te un impul­so per­ma­nen­te a aumen­tar la explo­ta­ción.

En la lucha entre los capi­ta­les, inevi­ta­ble­men­te muchos caen, y son “comi­dos” por los más fuer­tes. Como dice el dicho popu­lar, el pez gor­do se come al pez chi­co. Todos los días se fusio­nan capita­les, hay empre­sa­rios que com­pran fábri­cas en quie­bra, hay comer­cios y ban­cos que caen en pro­ble­mas y no pue­den sobrevi­vir. Millo­nes de cuentapropis­tas, de peque­ños campesi­nos, aun de peque­ños empre­sa­rios, se fun­den, y van a la pobre­za abso­lu­ta o a tra­ba­jar de obre­ros. Un ejem­plo es lo que suce­dió con la entra­da de los hiper­mer­ca­dos. Miles y miles de alma­ce­ne­ros, pana­de­ros, car­ni­ce­ros, se arruina­ron y ellos, o sus hijos, tuvie­ron que emplear­se como asa­la­ria­dos, muchas veces en los mis­mos supermer­cados que los hun­die­ron.

Así los capi­ta­les cada vez más se con­cen­tran en pocas manos. Hoy, las 200 corpora­ciones más gran­des del pla­ne­ta tie­nen ven­tas equiva­lentes al 28% de la activi­dad eco­nó­mi­ca del mundo­. En cada país pode­mos ver cómo un puña­do de 300 o 400 empre­sas tie­ne un peso des­co­mu­nal en la eco­no­mía; algu­nas com­pa­ñías transna­cio­nales tie­nen ven­tas anua­les por sumas que supe­ran larga­mente los presu­puestos de la mayo­ría de los paí­ses. En manos de algu­nas dece­nas de miles de gran­des capi­ta­lis­tas se con­cen­tra el poder de dar tra­ba­jo o no a cien­tos de millo­nes de desposeí­dos.

¿Qué es el capi­ta­lis­mo hoy?

Lo que expli­ca­mos teó­ri­ca­men­te tie­ne su refle­jo en la reali­dad del mun­do. El sis­te­ma capi­ta­lis­ta impul­sa a aumen­tar la explo­ta­ción. Ten­ga­mos enton­ces una visión glo­bal.

En todos los paí­ses se pro­cu­ra que cada pro­duc­to “con­ten­ga el máxi­mo posi­ble de tra­ba­jo impa­go” y para eso todo capi­ta­lis­ta bus­ca ace­le­rar los rit­mos de tra­ba­jo y redu­cir el valor de la fuer­za de tra­ba­jo. Se desa­rro­lla de así un ham­bre ince­san­te por el plus­va­lor, por el tiem­po de tra­ba­jo exce­den­te. ¿Por qué pue­de el capi­tal impo­ner esto?

Una razón es la ame­na­za de mudar plan­tas o de no inver­tir si la fuer­za labo­ral no se alla­na a las exi­gen­cias del capi­tal. Los empre­sa­rios muchas veces dicen: si los sin­di­ca­tos de este país no acep­tan tal o cual con­di­ción labo­ral, o tal o cual sala­rio, nos vamos a otro país. O sea, es el chan­ta­je de la lla­ma­da huel­ga de inver­sio­nes. “Si no se alla­nan a lo que pido, no invier­to”. Tam­bién está la pre­sión de las impor­ta­cio­nes. Es que hay empre­sa­rios que dicen: “si no se acep­tan estos sala­rios y con­di­cio­nes de tra­ba­jo, cie­rro la empre­sa por­que me con­vie­ne impor­tar más bara­to des­de otro país”.

En segun­do lugar, como hemos dicho, por la pre­sión que ejer­cen el ejér­ci­to de desocu­pa­dos. Según la Orga­ni­za­ción Inter­na­cio­nal del Tra­ba­jo, en 2004 había unos 188 millo­nes de desocu­pa­dos en el mun­do. En Argen­ti­na la desocu­pa­ción, a pesar de que bajó en los últi­mos años, sigue sien­do muy alta.

A esto se suman las corrien­tes migra­to­rias de mano de obra, espe­cial­men­te hacia los paí­ses ade­lan­ta­dos. Y la incor­po­ra­ción a la fuer­za labo­ral de muje­res, niños, inmi­gran­tes y mino­rías que en su mayo­ría tie­ne bajos índi­ces de sin­di­ca­li­za­ción.

De esta mane­ra reapa­re­cen for­mas de explo­ta­ción que nos retro­traen a las esce­nas de Ingla­te­rra de los siglos 18 y 19 en los orí­ge­nes del capi­ta­lis­mo indus­trial. Por ejem­plo, en las fábri­cas de compu­tado­ras de Chi­na se impo­nen con­di­cio­nes que pue­den cali­fi­car­se direc­ta­men­te de “car­ce­la­rias”; en muchas empre­sas los tra­ba­ja­do­res o tra­ba­ja­do­ras no pue­den hablar, no pue­den levan­tar­se para ir a tomar agua o al baño; exis­ten regí­me­nes de cas­ti­go durí­si­mos por fal­tas leves o dis­trac­cio­nes, con jor­na­das de tra­ba­jo que pue­den pro­lon­gar­se has­ta 16 horas. En muchas fábri­cas las tra­ba­ja­do­ras duer­men en las empre­sas, en con­di­cio­nes extre­ma­da­men­te pre­ca­rias. El des­gas­te físi­co y ner­vio­so es tan gran­de que a veces son “vie­jas” con ape­nas 30 años; ade­más hay pro­ble­mas audi­ti­vos y visua­les, debi­do a las lar­gas horas que pasan pro­ban­do moni­to­res y equi­pos. Sobre los sala­rios, escu­che­mos este tes­ti­mo­nio de C., tra­ba­ja­do­ra en una empre­sa chi­na de pro­duc­tos elec­tró­ni­cos:

“He esta­do en la fábri­ca des­de hace dos años y medio y lo más que he gana­do ha sido un poco más de 60 dóla­res (por mes). Eso fue lo que obtu­ve des­pués de haber tra­ba­ja­do más de 100 horas extra. … ¿Cómo pue­de ser eso sufi­cien­te para noso­tros? Uno tie­ne que com­prar por lo menos las pro­vi­sio­nes dia­rias y si me com­pro algo de ropa se me ter­mi­na el suel­do. Es inclu­so peor en la tem­po­ra­da baja, cuan­do no tene­mos horas extra. Cuan­do nos obli­gan a tomar un día por­que no hay pedi­dos y no tene­mos tra­ba­jo que hacer, nos lo dedu­cen del suel­do”.

En muchos sec­to­res y paí­ses se repi­ten estas situa­cio­nes. El siguien­te es un tes­ti­mo­nio de K., un tra­ba­ja­dor del ves­ti­do de Ban­gla­desh:

“No he teni­do des­can­so en dos meses y tra­ba­jo des­de las 8 de la maña­na has­ta las 9 o 10 de la noche; algu­nas veces inclu­so toda la noche. Por eso estoy enfer­mo. … Ten­go fie­bres y no ten­go ener­gía. … No pagan las horas extras, dicen que he tra­ba­ja­do 30 o 40 horas en un mes cuan­do en reali­dad he hecho 150. No hay regis­tro, de mane­ra que pue­den decir lo que quie­ren”.

Y el siguien­te es el tes­ti­mo­nio de Hele­na, ex tra­ba­ja­do­ra nica­ra­güen­se de una maqui­la:

“Los malos tra­tos eran per­ma­nen­tes. Cual­quie­ra pue­de come­ter un error: si te equi­vo­ca­bas, te gol­pea­ban en las manos, en la cabe­za, te tra­ta­ban de burra, de ani­mal. Si para­bas un segun­do para tomar un vaso de agua, aulla­ban. El sala­rio de base era de 22 dóla­res por sema­na. Yo lle­ga­ba a las 7 de la maña­na y salía, en gene­ral, a las 9 de la noche; hacía cua­tro horas extras, pero me paga­ban dos

Inda­gue­mos cómo se tra­ba­ja en talle­res, en comer­cios, en empre­sas del trans­por­te. Ausen­cia de dere­chos sin­di­ca­les, fal­ta de res­pe­to a cual­quier nor­ma de segu­ri­dad o higie­ne, des­co­no­ci­mien­to de fran­cos y licen­cias por enfer­me­dad, sala­rios que muchas veces no alcan­zan siquie­ra para man­te­ner­se con el míni­mo de sub­sis­ten­cia.

Por otra par­te se cal­cu­la (datos de 2000) que en el mun­do tra­ba­jan unos 186 millo­nes de niños y niñas de entre cin­co y 14 años; de ellos, 5,7 millo­nes rea­li­zan tra­ba­jos for­za­dos; 1,8 millo­nes están en la pros­ti­tu­ción y 0,3 millo­nes en con­flic­tos arma­dos.

Pero si se toman los que tra­ba­jan en for­ma inter­mi­ten­te, la cifra se ele­va a entre 365 y 409 millo­nes, y si se agre­ga el tra­ba­jo no con­ta­bi­li­za­do de las niñas –en su mayo­ría hoga­re­ño- la cifra osci­la entre 425 y 477 millo­nes. Los niños y niñas rea­li­zan tra­ba­jos tan diver­sos como agri­cul­tu­ra, con­fec­ción, fabri­ca­ción de ladri­llos, acti­vi­da­des mine­ras, arma­do de ciga­rros, cosi­do de pelo­tas de béis­bol o puli­do de pie­dras pre­cio­sas, entre otros. Casi por regla gene­ral están some­ti­dos a con­di­cio­nes infra­hu­ma­nas, son prác­ti­ca­men­te escla­vos pri­va­dos de su niñez y, por supues­to, de todo acce­so a la edu­ca­ción; en los paí­ses sub­de­sa­rro­lla­dos uno de cada sie­te niños o niñas en edad esco­lar no con­cu­rre a la escue­la. Dicen dos eco­no­mis­tas del Ban­co Mun­dial:

“En los noven­ta, lue­go de la Con­ven­ción de los Dere­chos del Niño (1989) y una con­fluen­cia de fac­to­res des­de la glo­ba­li­za­ción a la reco­lec­ción sis­te­má­ti­ca de esta­dís­ti­cas por la Orga­ni­za­ción Inter­na­cio­nal del Tra­ba­jo, el Ban­co Mun­dial y diver­sos paí­ses, el mun­do se hizo cons­cien­te de que des­de una pers­pec­ti­va glo­bal la situa­ción del tra­ba­jo infan­til no era mucho mejor de lo que había sido duran­te la Revo­lu­ción Indus­trial.”

Acla­re­mos que duran­te al Revo­lu­ción Indus­trial, ocu­rri­da en Ingla­te­rra a fines del siglo 17, se regis­tra­ban abu­sos terri­bles de explo­ta­ción del tra­ba­jo infan­til. Des­de enton­ces se nos ha dicho que aque­llas épo­cas habían que­da­do defi­ni­ti­va­men­te en el pasa­do, que en el capi­ta­lis­mo moderno ya no suce­dían. Pero vemos que no es así, que siguen suce­dien­do y a una esca­la mayor, por­que aho­ra se tra­ta del capi­ta­lis­mo en todo el mun­do.

Inclu­so en paí­ses desa­rro­lla­dos como Gran Bre­ta­ña, Fran­cia o Esta­dos Uni­dos muchos meno­res en edad esco­lar están tra­ba­jan­do. En Gran Bre­ta­ña algu­nos estu­dios con­si­de­ran que en los últi­mos 35 años entre un ter­cio y dos ter­cios de los niños en edad esco­lar estu­vie­ron en tra­ba­jos remu­ne­ra­dos; si se toma en cuen­ta a quie­nes algu­na vez tra­ba­ja­ron (en lugar de a quie­nes están tra­ba­jan­do en el momen­to de la encues­ta) la cifra se ele­va a entre el 63 y 77%.

 


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En la Unión Euro­pea de con­jun­to en los noven­ta apro­xi­ma­da­men­te un 7% de los niños de entre 13 y 17 años tra­ba­ja­ba.

En lo que res­pec­ta a las muje­res, en pro­me­dio reci­ben un sala­rio equi­va­len­te a las dos ter­ce­ras par­tes de lo que reci­ben los hom­bres, muchas veces care­cen de pro­tec­ción fren­te a malos tra­tos y abu­sos; y sufren más agu­da­men­te la pre­ca­ri­za­ción labo­ral que los hom­bres, ade­más de estar obli­ga­das a rea­li­zar tra­ba­jos por los que no reci­ben en abso­lu­to remu­ne­ra­ción algu­na.

En los paí­ses desa­rro­lla­dos tam­bién se regis­tra la ten­den­cia al aumen­to de la explo­ta­ción de la cla­se obre­ra en su con­jun­to. Por ejem­plo en Gran Bre­ta­ña en los últi­mos años se faci­li­tó y aba­ra­tó el des­pi­do de tra­ba­ja­do­res, se esta­ble­ció que los chi­cos de 13 o 14 años pue­den ser emplea­dos has­ta 17 horas sema­na­les, se exten­dió el con­tra­to tem­po­ra­rio, se redu­je­ron las licen­cias, se supri­mió el sala­rio míni­mo, se exten­die­ron los “perío­dos de prue­ba” (has­ta 24 meses), se supri­mió el lími­te a la jor­na­da de tra­ba­jo (inclu­so para los jóve­nes de 16 a 18 años) y se dio ple­na liber­tad para tra­ba­jar los domin­gos. En algu­nos sec­to­res los sala­rios ape­nas per­mi­ten repro­du­cir el valor de la fuer­za de tra­ba­jo. Un obre­ro típi­co de la indus­tria de la con­fec­ción de Bir­ming­ham, con 17 años de anti­güe­dad, a media­dos de la déca­da de 1990 debía des­ti­nar dos ter­ce­ras par­tes de su sala­rio a pagar el alo­ja­mien­to y las fac­tu­ras de elec­tri­ci­dad. En la indus­tria del ves­ti­do son “nor­ma­les” jor­na­das de 12 horas por día de lunes a vier­nes y 8 horas los sába­dos, y es común encon­trar empre­sas que no pagan las horas extras ni los días de ausen­cia por enfer­me­dad. Como resul­ta­do de la caí­da gene­ral de los ingre­sos de los tra­ba­ja­do­res y de la desocu­pa­ción de lar­go pla­zo, a media­dos de la déca­da se cons­ta­ta­ba que el núme­ro de gen­te sin hogar se había dupli­ca­do, que el 26% de los niños depen­día de la ayu­da social para vivir, que 13,7 millo­nes de per­so­nas vivían en la pobre­za, que había 1,1 millo­nes menos de empleos a tiem­po com­ple­to que en 1990, que 300 mil per­so­nas gana­ban menos de 1,5 libras por hora y apro­xi­ma­da­men­te 1,2 millo­nes menos de 2,5 libras por hora.

En lo que res­pec­ta a Esta­dos Uni­dos, a media­dos de la déca­da de 1990, sobre los 38 millo­nes de esta­dou­ni­den­ses que vivían por deba­jo de la línea de la pobre­za, 22 millo­nes tenían un empleo o esta­ban liga­dos a una fami­lia en la cual uno de sus miem­bros tra­ba­ja­ba; esto dio ori­gen a la expre­sión “hacer­se pobre tra­ba­jan­do”. Ade­más, y obli­ga­dos a com­pen­sar los bajos sala­rios, casi 8 millo­nes de per­so­nas tenían doble empleo. Por otro lado la dura­ción media anual del tra­ba­jo aumen­tó el equi­va­len­te de un mes des­de la déca­da de 1970; en algu­nas empre­sas del auto­mó­vil había asa­la­ria­dos que tra­ba­ja­ban has­ta 84 ho­ras por sema­na.

En lo que hace a los pro­ce­sos de tra­ba­jo, a par­tir 1988 se exten­dió toyo­tis­mo. Con esta for­ma de orga­ni­za­ción de orga­ni­za­ción labo­ral la direc­ción de la empre­sa fomen­ta la com­pe­ten­cia entre los tra­ba­ja­do­res y debi­li­ta la soli­da­ri­dad sin­di­cal; intro­du­ce la mul­ti­pli­ci­dad de tareas; redu­ce las cali­fi­ca­cio­nes y aumen­ta la “ínter cam­bia­bi­li­dad” de los pues­tos; dis­mi­nu­ye la impor­tan­cia de la anti­güe­dad o inclu­so la aban­do­na o modi­fi­ca; des­car­ga en los obre­ros una mayor res­pon­sa­bi­li­dad por el cum­pli­mien­to de las tareas, sin com­pen­sa­ción sala­rial y sin dar­les mayor auto­ri­dad; y fomen­ta el sin­di­ca­lis­mo de empre­sa en detri­men­to de la unión a nivel de rama. El resul­ta­do es el tra­ba­jo súper inten­si­vo:

“Mien­tras en las plan­tas manu­fac­tu­re­ras tra­di­cio­na­les el pro­ce­so de tra­ba­jo ocu­pa al obre­ro con expe­rien­cia apro­xi­ma­da­men­te 45 segun­dos por minu­to, en las plan­tas de pro­duc­ción fle­xi­ble la cifra es de 57 segun­dos. Los tra­ba­ja­do­res de pro­duc­ción en las líneas de ensam­bla­je de Toyo­ta en Japón hacen 20 movi­mien­tos cada 18 segun­dos, o un total de 20.600 movi­mien­tos por día” (toma­do de un estu­dio sobre el toyo­tis­mo).

El ata­que a las con­di­cio­nes labo­ra­les abar­ca tam­bién a paí­ses con fuer­te tra­di­ción sin­di­cal y de izquier­da. En algu­nos luga­res la ofen­si­va del capi­tal comen­zó por los tra­ba­ja­do­res inmi­gran­tes, apro­ve­chan­do la inse­gu­ri­dad jurí­di­ca a la que están some­ti­dos.

En Fran­cia, por ejem­plo, el tra­ba­jo en negro y la con­tra­ta­ción a tiem­po par­cial de inmi­gran­tes están exten­di­dos en la cons­truc­ción (públi­ca o pri­va­da), lim­pie­za, hote­le­ría, gas­tro­no­mía, con­fec­ción de ropa y agri­cul­tu­ra, entre otras acti­vi­da­des. Los sala­rios de estos tra­ba­ja­do­res son infe­rio­res has­ta un 50% a la media y care­cen de orga­ni­za­ción.

En Ale­ma­nia el capi­tal y el gobierno están empe­ña­dos, des­de hace años, en una cam­pa­ña por redu­cir sala­rios socia­les y pro­lon­gar la jor­na­da labo­ral.

Ade­más, se ata­can los sala­rios socia­les, los sis­te­mas de jubi­la­ción y salud. Ita­lia, Ale­ma­nia y Sue­cia son repre­sen­ta­ti­vas de la ten­den­cia. Y en todos lados se tien­de al dis­ci­pli­na­mien­to de la fuer­za labo­ral median­te el des­em­pleo y a la pre­ca­ri­za­ción labo­ral.

Como resul­ta­do de estos pro­ce­sos en la mayo­ría de los paí­ses aumen­tó la desigual­dad. Según la OIT, que reali­zó un estu­dio (publi­ca­do en 2004) de 73 paí­ses, en 12 desa­rro­lla­dos, 15 atra­sa­dos y 21 paí­ses con “eco­no­mías en tran­si­ción”, aumen­tó la desigual­dad entre el dece­nio de 1960 y el dece­nio de 1990; estos 48 paí­ses com­pren­den el 59% de la pobla­ción total de los paí­ses bajo estu­dio. En tres paí­ses desa­rro­lla­dos, 12 atra­sa­dos y uno con “eco­no­mía en tran­si­ción”, que de con­jun­to repre­sen­tan el 35% de la pobla­ción bajo estu­dio, la dis­tri­bu­ción se man­tu­vo esta­ble. Por últi­mo, sólo en dos paí­ses desa­rro­lla­dos y sie­te atra­sa­dos (y nin­gu­na eco­no­mía en tran­si­ción) mejo­ró el ingre­so.

Desa­rro­llo cada vez más desigual y caren­cias y pade­ci­mien­tos socia­les

Una de las teo­rías que se han plan­tea­do muchas veces es que a medi­da que el capi­ta­lis­mo se desa­rro­lla, y se hace más mun­dial, los ingre­sos entre los paí­ses tien­den a igua­lar­se. Pero la reali­dad es otra. Según las Nacio­nes Uni­das (Infor­mes sobre el desa­rro­llo humano) si la dife­ren­cia entre el ingre­so de los paí­ses más ricos y los más pobres era de alre­de­dor de tres a uno en 1820, había pasa­do a 35 a 1 en 1950, a 44 a 1 en 1973 y a 72 a 1 en 1992; y a comien­zos del nue­vo siglo lle­ga­ba a 77 a 1.

Por otra par­te, se pue­de ver la desigual­dad de rique­za e ingre­sos que se gene­ra en este sis­te­ma. Los datos, tam­bién de las Nacio­nes Uni­das y otros orga­nis­mos inter­na­cio­na­les, nos dicen que el 20% de los seres huma­nos que vive en los paí­ses más ricos par­ti­ci­pa del 86% del con­su­mo pri­va­do total; uti­li­za el 58% de la ener­gía mun­dial y el 84% del papel; tie­ne el 87% de los vehícu­los; repre­sen­ta el 91% de los usua­rios de Inter­net y tie­ne el 74% de las líneas tele­fó­ni­cas tota­les.

En el otro polo, el 20% de la pobla­ción que vive en los paí­ses más pobres par­ti­ci­pa con sólo el 1% del con­su­mo total; uti­li­za el 4% de la ener­gía, el 1,1% del papel, tie­ne menos del 1% de los vehícu­los y el 1,5% de las líneas tele­fó­ni­cas.

En Argen­ti­na tam­bién se ha pro­du­ci­do una gran pola­ri­za­ción social. Así, en 2006, el 10% más rico de la pobla­ción tie­ne ingre­sos 31 veces más altos que el 10% más pobre. Esto sig­ni­fi­ca que en el 10% más rico cada per­so­na gana, en pro­me­dio, $2012, mien­tras que en el 10% más pobre cada per­so­na gana sólo $64. En el 10% más pobre que sigue a este estra­to, cada per­so­na gana sólo $143. Esta situa­ción se ha man­te­ni­do des­de los años noven­ta, más o menos esta­ble.

Más en gene­ral, agre­gue­mos que de los 4.400 millo­nes de habi­tan­tes que están en los paí­ses lla­ma­dos “en desa­rro­llo”, casi tres quin­tas par­tes no tie­nen las infra­es­truc­tu­ras sani­ta­rias bási­cas, casi un ter­cio no tie­ne acce­so al agua pota­ble, una quin­ta par­te no tie­ne acce­so a ser­vi­cios moder­nos de salud; un ter­cio de los niños meno­res de cin­co años sufren malnu­tri­ción, 30 mil mue­ren por día por cau­sas pre­ve­ni­bles y uno de cada sie­te niños en edad de escue­la pri­ma­ria no asis­te a la escue­la.

A comien­zos del nue­vo siglo había 840 millo­nes de per­so­nas en todo el mun­do des­nu­tri­das, lo que repre­sen­ta­ba el 14% de la pobla­ción mun­dial. Recor­de­mos que en 1980 vivían en con­di­cio­nes seve­ras de des­nu­tri­ción 435 millo­nes de per­so­nas, que repre­sen­ta­ban el 9,6% del total mun­dial.

De los 840 millo­nes de per­so­nas que hoy están des­nu­tri­das, 10 millo­nes se encuen­tran en los paí­ses ade­lan­ta­dos, 34 millo­nes en los ex paí­ses socia­lis­tas en tran­si­ción al capi­ta­lis­mo y 798 millo­nes en los paí­ses atra­sa­dos.

En Repú­bli­ca del Con­go, Soma­lia, Burun­di y Afga­nis­tán, más del 70% de la pobla­ción está des­nu­tri­da. Según la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud, las posi­bi­li­da­des de vida de un recién naci­do en un país avan­za­do son 12 veces mayo­res que las de un recién naci­do en un país atra­sa­do; si éste nace en Áfri­ca sub­saha­ria­na es 23 veces mayor.

En Argen­ti­na, un país “gra­ne­ro del mun­do”, que pue­de ali­men­tar a 300 millo­nes de per­so­nas, hay ham­bre cró­ni­ca, millo­nes que no alcan­zan al míni­mo caló­ri­co dia­rio vital.

La Agen­cia Cató­li­ca para el Desa­rro­llo seña­la una cifra que en sí mis­ma cons­ti­tu­ye todo un sím­bo­lo de la desigual­dad: la vaca pro­me­dio euro­pea reci­be un sub­si­dio de 2,2 dóla­res por día, más que el ingre­so dia­rio que reci­be la mitad de la pobla­ción mun­dial.

Con­clu­sión

Hemos vis­to por qué y cómo el sis­te­ma capi­ta­lis­ta tien­de a gene­rar en un polo una rique­za cre­cien­te, y cada vez más con­cen­tra­da, y en el otro polo masas de gen­te que está obli­ga­da a hacer tra­ba­jos monó­to­nos, repe­ti­ti­vos, o con sala­rios bajos y con­di­cio­nes labo­ra­les pre­ca­rias, some­ti­dos a pre­sión cons­tan­te. Y tam­bién por qué se rege­ne­ran, perió­di­ca­men­te, gran­des ejér­ci­tos de desocu­pa­dos.

Todo esto nos obli­ga a ubi­car las luchas reivin­di­ca­ti­vas, por mejo­ras labo­ra­les, por segu­ros de des­em­pleo, por salud y edu­ca­ción, en una pers­pec­ti­va correc­ta. Esto es, pelea­mos por mejo­rar en todo lo posi­ble den­tro del sis­te­ma; nece­si­ta­mos defen­der refor­mas que hagan más lle­va­de­ra la vida bajo el sis­te­ma capi­ta­lis­ta. Pero al mis­mo tiem­po hay que tomar con­cien­cia de que estas mejo­ras tie­nen un lími­te. Como decía una gran socia­lis­ta euro­pea de prin­ci­pios del siglo 20, lla­ma­da Rosa Luxem­bur­go, en tan­to no se aca­be este sis­te­ma de explo­ta­ción los sin­di­ca­tos y los tra­ba­ja­do­res esta­rán obli­ga­dos a reco­men­zar siem­pre sus luchas, por­que el ham­bre por el plus­va­lor del capi­tal es insa­cia­ble. Lo cual plan­tea la nece­si­dad de tomar con­cien­cia de que exis­te un pro­ble­ma de fon­do, que es social, y a él tene­mos que apun­tar.

 


[1] Todas las citas las toma­mos de El Capi­tal, de Marx.

 


publicación original: ¿Que es el capitalismo?. Por: Rolando Astarita
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