El núcleo de la meritocracia es la desigualdad

Un análisis sobre las élites económicas y su interacción con fenómenos de desigualdad, fue realizado por el director del Departamento de Sociología de la Universidad de Columbia, Shamus Khan. En una clase magistral, organizada por Columbia Global Centers, el Instituto de Sociología UC y el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), Khan abordó sus investigaciones en esta materia y cuestionó las nociones de meritocracia validadas por el sistema económico actual.
Hijo de inmigrantes, de padre pakistaní y madre irlandesa, el sociólogo Shamus Khan, creció en Misuri, en la ciudad de Concordia, allí asistió al St. Paul’s School, un colegio privilegiado que integra a la élite económica, política y cultural del estado. Sus egresados, además de estar en importantes cargos públicos o ser mediáticamente conocidos, asistieron a las mejores universidades y, en su gran mayoría a Harvard. En este contexto, cabe mencionar que se trata de uno de los colegios más ricos del mundo, según el gasto económico invertido por alumno; y en el cual Khan no sólo se formó, sino que también lo estudió desde la sociología, abordando el funcionamiento y la reproducción de la élite, cuya investigación se plasma en Privilege: The Making of an Adolescent Elite at St. Paul’s School, el libro más destacado de su carrera, ganador del premio Charles Wright Mills 2011 y citado en 487 publicaciones.
Shamus Khan
el sociologo Shamus Khan
Khan comenzó su clase con una reflexión sobre el carácter psíquico de las élites desde 1929 a la fecha. Así, analizó los procesos económicos de quienes concentran la riqueza y la narrativa de la clase media. “Estados Unidos era más inclusivo en los 50 que en los 60. La inequidad produce exclusión social”, expresó Khan.
El académico sostuvo que los ricos tienen ciclos económicos diferentes al resto del país y que no existe una economía, sino varias. “Hay una dinámica estructural. La distribución de ingresos puede venir de la capitalización”, manifestó. Para Khan, la desigualdad se explica a partir de la exclusión social:
si eres incluido, tienes más igualdad, pero si eres excluido tienes más desigualdad”.
 


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Asimismo, reflexionó en torno a la meritocracia, la que define como una “forma de ingeniería social”, que busca y genera desigualdad en la población, y cuyos principios no están precisamente en el desempeño, pues premia a quienes tienen más habilidades. En sus palabras:
“El núcleo de la meritocracia es la desigualdad (…) Los méritos son evaluados por herramientas cuestionables, como los test de aptitud”.
De hecho, el principal cuestionamiento que realiza a las pruebas estandarizadas es que se pueden preparar en base a un entrenamiento pagado. Así, desde su punto de vista, los test de evaluación educativa sólo sirven para ingresar a la universidad, pero no aseguran la permanencia en la institución.
Lo anterior se trata de una trampa para Khan, pues los padres invierten mucho en la educación de sus hijos, pero no es una inversión determinante en sí misma, pues se reduce a la ventaja de pertenecer a la élite. El sociólogo postula que las élites piensan que no son tan diferentes a los demás y que, de hecho, son como todas las personas, solo que un poco mejores:
“se sienten iguales al resto, pero con mejores sueldos por sus habilidades”.
Khan destaca también, que lo que hacen instituciones como Saint Paul, no es entregar altos niveles de matemática, lenguaje u otro conocimiento. Los saberes “duros” están disponibles para todos en internet.

 


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Lo que no está disponible es lo que se tiene que vivir. Khan lo llama el “currículo escondido” de Saint Paul; se refiere a las cosas que no se memorizan, sino que se corporizan, como gustos, sensibilidades, códigos de conducta, rituales. Lo que permiten los colegios de elite es “corporizar el privilegio”, lo que implica sentirse cómodo con esos gustos y sensibilidades.
La única forma de meter el privilegio en el propio cuerpo es vivirlo diariamente en los espacios de la elite. Khan destaca que una vez que el privilegio se corporiza, ya no puede ser cuestionado por la sociedad como una diferencia social injusta, porque se ha transformado en una característica de la personalidad del joven de elite.
Este punto es muy importante, pues la elite que abraza la meritocracia y festeja el triunfo del individuo nos dice que no importa la cuna, sino las características individuales, las habilidades, talentos y cualidades. Lo que no dice es que esas habilidades y capacidades se cultivan en lugares a los que pocos tienen acceso. Esas cualidades parecen innatas, pero son el resultado del privilegio.
Los ricos, escribe Khan, usan su dinero para comprar ventajas para sus hijos, y uno de los lugares donde las compran es en escuelas de elite. Y la ventaja moderna que estos establecimientos venden es la naturalización de la diferencia.
De esta manera, Khan explicó que la meritocracia como juego cultural se apoya en la institucionalidad para el beneficio de la élite, ya que bajo este sistema se entregan más recursos a personas que son más aventajadas. Según Khan, esta es “la lógica de la meritocracia: dar buenas oportunidades a personas que ya tienen buenas habilidades”, cuestión perjudicial a nivel social. Por último, enfatizó en que según los códigos de la meritocracia, “la posición de la elite está condicionada por la existencia de las relaciones jerárquicas”, lo que no necesariamente ocurre en la aristocracia.
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Autor: COES. Publicación original: nota sociologica

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