5 ejemplos de injerencia EEUU en Latinoamérica

Hacemos un recuento de la participación en golpes de estado contra diversos gobiernos por parte de Estados Unidos que escudaba estas intervenciones precisamente con la bandera de la “democracia”, sólo para poner al mando a gobiernos títeres que trajeron peores condiciones de vida a sus pueblos.

1954, Guatemala, bajo la política de la guerra fría en Centroamérica

En 1954, la CIA, bajo la presidencia de Dwight Eisenhower, orquestó y financió el derrocamiento del gobierno de Guatemala con la activa participación de las dictaduras de Somoza y Trujillo de Nicaragua y República Dominicana. Bajo la operación encubierta PBSUCCESS, Estados Unidos organizó el entrenamiento y equipamiento de medio millar de disidentes guatemaltecos que entraron a territorio guatemalteco bajo el mando de Juan Castillo Armas, mientras la marina estadounidense acechaba implementado un bloqueo marítimo (Operación HARDROCK BAKER).

El 16 de febrero del mismo año, la agencia de seguridad comenzó una operación llamada WASHTUB, la cual consistió en plantar armas en Nicaragua para comprobar la supuesta relación entre Guatemala y Moscú y así justificar la intervención militar que puso en el poder a Castillo Armas.

El golpe de Estado buscaba satisfacer las exigencias de la United Fruit Company ante las medidas que impulsaban los gobiernos de Arévalo y Arbenz, como Reforma Agraria, el Código del Trabajo. De esta manera, utilizando el lenguaje de la guerra fría se buscaba acabar con las “ideas comunistas” con que acusaban al desarrollismo nacionalista de los gobiernos democráticos que sustituyeron al régimen dictatorial de Jorge Ubico, títere de la United Fruit.

Mientras el gobierno de Arbenz confiscaba a la United cientos de miles de hectáreas de tierras ociosas, al mismo tiempo se organizaban y luchaban los trabajadores guatemaltecos, contra los negocios de esta trasnacional, en las plantaciones bananeras, los ferrocarriles, la industria eléctrica y el puerto Barrios, su plataforma de exportación, lo cual al gigante capitalista, no le convenía.

Tras el derrocamiento de Jacobo Arbenz Guzmán, presidente guatemalteco, Castillo Armas, político y militar, asumió el poder, inició una campaña anticomunista, prohibió los partidos políticos, comités agrarios y sindicatos, ejecutó a cientos de comunistas y anuló la Reforma Agraria del anterior mandato.

 


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1964 Brasil

El entonces presidente estadounidense, Lyndon Johnson, apoyó la avanzada de Mourão Filho, general del ejército brasileño hacia Río de Janeiro para hacerse del poder del país, EE.UU. mandó numerosos aviones, naves de guerra y cuatro buques petroleros para llevar a cabo la operación Brother Sam.

Producto de las tendencias a nivel internacional y la presión de las masas , en Brasil se había avanzado en la nacionalización del petróleo, una reforma agraria para la distribución de las tierras entre otras políticas que amenazaban el marco de acción para el imperialismo yanqui. El 31 de marzo del mismo año Ranieri Mazzilli asumió el mandato del país y dio inicio a una dictadura militar de 20 años.

Aplastando el ascenso obrero de los 70’s, el Plan Cóndor

Para Richard Nixon, entonces presidente de EE.UU., era prioritario frenar el avance de las ideas socialistas y comunistas en América Latina, así como a los gobiernos izquierdistas, como el de Allende, y así mantener los intereses políticos, económicos y estratégicos de Estados Unidos en Latinoamérica.

Para conseguir este cometido, la CIA implementó el Plan Cóndor. En éste colaboraron los dictadores Augusto Pinochet en Chile, Hugo Bánzer en Bolivia, Alfredo Stroessner en Paraguay, Joao Figueredo en Brasil, Jorge Rafael Videla en Argentina y Juan María Bodaberry en Uruguay.

En archivos de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) de EE.UU. se lee explícitamente que el Plan Cóndor fue “un acuerdo de cooperación entre los servicios de inteligencias de América del Sur para eliminar las actividades terroristas marxistas en el área”.

El saldo de esta operación fue de aproximadamente 50.000 muertos, 30.000 desaparecidos, y unos 400.000 presos y torturados.

2002, Venezuela

Tras la asunción a la presidencia de Hugo Chávez en 1999, el imperialismo estadounidense -bajo el mando de George W. Bush- y la burguesía venezolana, acostumbrados a dictar la política de éste país, vieron amenazados sus intereses, con políticas que contemplaban “una tímida redistribución de la tierra, la fijación de algunos derechos para los pescadores artesanales ante las grandes industrias, así como un control estatal más serio del negocio de los hidrocarburos, aunque manteniéndose la apertura al capital privado”.

Tras huelgas y movilizaciones convocadas por la derecha y los empresarios como Fedecámaras -cuyo director, Pedro Carmona Estranga asumiría el poder días después-, la Policía Metropolitana, la Iglesia Católica y los medios privados de comunicación -que llevó a la confrontación con simpatizantes del gobierno, a los cuáles Chávez había constantemente llamado a no confrontar a la reacción- el saldo fueron varias decenas de muertos. Chávez dimitió a la presidencia el 11 de abril.

El 12 de abril el empresario Carmona Estranga se autoproclama presidente de Venezuela y Chávez se entrega. Al día siguiente decenas de miles salen a las calles para defender al gobierno y las conquistas que habían logrado. Ante esto, los golpistas se ven obligados a retroceder y, el 14 de abril, Chávez vuelve llamando a la calma y anunciando un “diálogo nacional” para la reconciliación.

 


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2004, Haití, por tercera vez

El 29 de febrero de ese año, el presidente de Haití, Jean-Bertrand Aristide, fue secuestrado por un comando militar estadounidense. Fue un golpe de Estado orquestado por Estados Unidos y países europeos como Francia que encabezó la aprobación desde la ONU de la “restauración de la democracia”. imponiendo a Boniface Alexandre como presidente interino y a Gerard Latortue como primer ministro.

En los días siguientes miles de haitianos salieron a las calles a manifestarse contra esta imposición y organismos internacionales como la Caricom (Comunidad del Caribe, 15 países) también repudiaron el derrocamiento de un presidente que llegó al poder en 1991 luego de las primeras elecciones democráticas en la historia Haití.

Pero siete meses después tuvo que huir hacia EE UU, por un golpe de los militares, lo que dio la oportunidad a los yanquis de preparar la restitución del gobernante depuesto en 1994 en lo que sería la segunda intervención estadounidense en este país (la primera fue la ocupación militar de 1915-1934), siendo avalada por la ONU.

El acuerdo central que obtuvieron entonces los yanquis fue que Aristide impulsaría totalmente los planes neoliberales, sometiéndose a las exigencias del “libre comercio” y la privatización de las escasa empresas estatales, tal como se estaba aplicando en México en esos días.

Encontraría fuerte resistencia interna a estos cambios y la salida del imperialismo fue ahorcar económicamente al pueblo haitiano, como lo hace ahora con Venezuela, para posteriormente llegar al punto de la intervención militar para poner a un gobierno dócil. Así, mientras se hacía una extensa campaña diplomática usando a la ONU y apoyado por Francia, Canadá y Chile, Estados Unidos preparaba una fuerza paramilitar, 900 soldados entrenados y armados en territorio de República Dominicana, que arrasaría con los simpatizantes de Aristide y su partido Lavalas.

El comando militar que sacaría en la madrugada de ese 29/02 a Aristide, lo llevaría hasta la República Centroafricana, y las fuerzas de ocupación, “para garantizar el orden” con 3,600 soldados de Canadá, EE.UU. y Chile, cuestionados por las protestas callejeras, serían sustituidos durante 13 años por una fuerza de ocupación más amplia con contingentes de diversos países, encabezados por las fuerzas armadas de Brasil, bajo las siglas de la Minustah (Misión de las Naciones por la estabilización de Haití) recién finalizada en octubre de 2017.

Estas son solo unas cuantas de las tantas intervenciones que Estados Unidos ha llevado a cabo como parte de su política imperialista, que ante todo busca mantenerse como la principal potencia económica y política a nivel mundial.

 

 


Autora: Isabel Vega
Publicado original:  izquierda diario

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