Lenguas indígenas y colonialismo del ser

En el año de 1997, en la Inauguración del I Congreso Internacional sobre la lengua española, realizado en Zacatecas, Estados Unidos Mexicanos, Gabriel García Márquez afirmaría que el mundo estaba entrando al tercer milenio bajo el imperio de las palabras; contra viento y marea, sostendría que era mentira que la imagen estuviera desplazándolas como vía de comunicación, que al contrario, se estaban potenciando de muchas maneras:

“habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor”. Eso, según él, era un reto que las sociedades de habla hispana debían afrontar. “La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. […] Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo”.

Octavio Paz Lozano, el premio nobel de la literatura en el año 1990, en ese mismo evento, afirmaba que “los hombres somos hijos de la palabra, ella es nuestra creación; también es nuestra creadora, sin ella no seríamos hombres. A su vez la palabra es hija del silencio: nace de sus profundidades, aparece por un instante y regresa a sus abismos”. Poeta como era, no dejó de arrojar metáforas sobre su público: “Las semillas de las palabras caen en la tierra del silencio y la cubren con una vegetación a veces delirante y otras geométrica”;

«[…] el amor a nuestra lengua, que es palabra y es silencio, se confunde con el amor a nuestra gente, a nuestros muertos, los silenciosos y a nuestros hijos que aprenden a hablar. Todas las sociedades humanas comienzan y terminan con el intercambio verbal, con el decir y el escuchar. La vida de cada hombre es un largo y doble aprendizaje: saber decir y saber oír. El uno implica al otro: para saber decir hay que aprender a escuchar. Empezamos escuchando a la gente que nos rodea y así comenzamos a hablar con ellos y con nosotros mismos. Pronto, el círculo se ensancha y abarca no sólo a los vivos, sino a los muertos. Este aprendizaje insensiblemente nos inserta en una historia: somos los descendientes no sólo de una familia sino de un grupo, una tribu y una nación. A su vez, el pasado nos proyecta en el futuro. Somos los padres y los abuelos de otras generaciones que, a través de nosotros, aprenderán el arte de la convivencia humana: saber decir y saber escuchar. El lenguaje nos da el sentimiento y la conciencia de pertenecer a una comunidad. El espacio se ensancha y el tiempo se alarga: estamos unidos por la lengua a una tierra y a un tiempo. Somos una historia».

 


Te puede interesar: Leyenda Waica: Yoriquidama


 

Dijo más:

«El lenguaje está abierto al universo y es uno de sus productos prodigiosos, pero igualmente por sí mismo es un universo. Si queremos pensar, vislumbrar siquiera el universo, tenemos que hacerlo a través del lenguaje, en nuestro caso, a través del español. La palabra es nuestra morada, en ella nacimos y en ella moriremos; ella nos reúne y nos da conciencia de lo que somos y de nuestra historia; acorta las distancias que nos separan y atenúa las diferencias que nos oponen. Nos junta pero nos aísla, sus muros son transparentes y a través de esas paredes diáfanas vemos al mundo y conocemos a los hombres que hablan en otras lenguas. A veces logramos entendernos con ellos y así nos enriquecemos espiritualmente. Nos reconocemos, incluso, en lo que nos separa del resto de los hombres. Estas diferencias nos muestran la increíble diversidad de la especie humana y simultáneamente su unidad esencial. Descubrimos así una verdad simple y doble: primero, somos una comunidad de pueblos que habla la misma lengua y segundo, hablarla es una manera, entre otras, de ser hombre. La lengua es un signo, el signo mayor de nuestra condición humana».

He citado a estos dos grandes orfebres de la lengua castellana porque sus palabras resultan universales, aplicables a todas las culturas y todos los estados en donde estas se encuentran. Uno no termina de afirmar esto cuando la memoria se hace presente interrogando. ¿Si esa es la condición de todas las lenguas porque con las de los pueblos indígenas no sucede los mismo?

Lengua y colonialismo cultural

Esa situación me lleva a pensar que la razón no es técnica, no obedece de incapacidad de instrumentar condiciones para que las lenguas se practiquen, se transformen y fortalezcan, sino una política que impide todo lo anterior aunque se pregone lo contrario; que comenzando el siglo XXI los pueblos seguimos viviendo en un colonialismo cultural que impide que nuestras lenguas originarias se expresen, relacionen y se desarrollen como las otras, el castellano en este caso, que al tiempo que funcionan como lenguas francas, cumplen un papel colonizador.

Esta situación es una herencia de la colonización europea del siglo XVI sobre Abya Yala y se mantiene porque el capital necesita desarrollar una explotación de mano de obra y de recursos materiales a la vez de clase y étnica. Como se sabe, los europeos invadieron el continente americano en 1492, año en que también expulsaron de su territorio a los árabes, lo que les permitió dominar los mares y ampliar los mercados mundiales y controlarlos. Este hecho histórico permitió que Europa concentrara el poder económico y político para beneficio de una minoría que, con sus matices, se conserva hasta la fecha. Esta concentración de poder establece una relación de dominación directa entre los europeos coloniales y los otros continentes colonizados, que conforme se va consolidando va produciendo discriminaciones sociales que después serán codificadas como “raciales”, o “étnicas”.

Las “razas” o “etnias” dominadas de hoy, las mismas que no se pueden expresar libremente en sus lenguas originarias, son las que fueron dominadas cuando comenzó la colonización. Como alguna vez dijo Franz Fanón, el racismo epistémico y cultural es una línea trasversal que atraviesa las relaciones sociales a escala global, colocando a los sectores dominantes en “el mundo del ser” donde se les reconoce existencia y derechos siempre y cuando se comporten con las reglas dictadas por ellos, mientras a los que no lo hacen se les deja en “el mundo del no ser” sin reconocerles derechos ni existencia. Por esta razón los oprimidos en el mundo del ser no viven la opresión de la misma manera en que se vive en la zona del no ser.

 


te puede interesar: La desigualdad que implica la “Castellanización” de las lenguas índigenas


 

Eso mismo afirma en la actualidad la poeta ñuu savi Celerina Patricia Sánchez Santiago:

«El racismo se incrustó en las venas, en las células y se castigó por cientos de años, se torturó emocional, espiritual y material a las personas. Se lastimó la última parte; la dignidad de las personas, y la lengua es fundamental porque tiene ver con el nombrar la existencia de las cosas, las filosóficas propias, espirituales, y emocionales, cuando no se nombran, uno va perdiendo la relación con su mundo».

Es importante aclarar que cuando me refiero a que vivimos en un colonialismo cultural pienso en que asumimos que la cultura europea, conocida como occidental tiene carácter universal y la nuestra, en todo caso, debe integrarse a ella para enriquecerla. El colonialismo comienza en reconocer a la cultura europea rasgos que no tiene y en desconocer los rasgos importantes de la nuestra. Lo anterior trae como consecuencia que la producción y reproducción de nuestro pensamiento y conocimiento sobre la realidad se haga con las categorías europeas, despreciando o ignorando las propias.

Y no se trata solamente de la subordinación de una cultura -la colonizada- a otra cultura –la colonizadora-. Se trata de la colonización del imaginario, de la penetración del pensamiento colonizador en el pensamiento del colonizado, con el objetivo de que no se piense “otro”, diferente, menos otro “colonizado”. Se trata de sacarlo del espacio donde tienen existencia propia y particular, diferente a la del colonizador, para colocarlo en el espacio del colonizado, donde realmente no tiene existencia, a menos que renuncie a ser lo que es y se asuma como lo que no es. Se le desubica de su lugar del “ser” para ubicarlo en el lugar del “no ser”.

Este colonialismo impacta varias dimensiones del conocimiento. Una de ellas es la forma de conocer, otra es la manera en que se produce el conocimiento, las perspectivas con que se hace, el sistema de símbolos e imágenes que se usan para hacerlo y modos de significación de ellas. De la misma manera impacta los recursos que se usan para producir y reproducir el conocimiento, los patrones e instrumentos de expresión formalizada y objetivada con que se lleva a cabo. Con todo ello las culturas indígenas son vistas como iletradas y de ahí a considerarlas atrasadas solo hay un paso, solo porque se privilegian los patrones de expresión de los colonizadores sobre los patrones de expresión de los colonizados.

Nada de esto es fortuito. Se trata de un sistema de producción epistémico dominante acorde con los intereses de los que controlan el poder político y económico para imponer sus valores culturales a los dominados. La europeización se convierte de una aspiración y cuando los indígenas se europeízan comienzan a participar del poder colonial, pero a cambio de dejar de ser indígenas. Entonces los medios de control cultural se trasforman en medios de control social, donde los dominados se convierten en rehenes de aquello. Con las lenguas indígenas sucede lo mismo: no se crean condiciones para que se desarrollen porque eso abonaría en el empoderamiento político y cultural de sus hablantes. Para escapar de esta prisión las instituciones estatales de nuestros países nos ofrecen diversas puertas que muchos no quieren atravesar porque presienten que son falsas y al hacerlo crean espejismos, donde uno se refleja como lo que no es; otros esperan que alguien los guie para no perderse en ellas.

 


Fuente: lengua indigena, colonialismo y drechos linguistico. /Fecha: 27/09/2019

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .